1) Relevancia de la interrelación positiva
El Homo Sapiens es algo más que un animal social. Mediante una fórmula conocida en el mundo natural, la especie humana ha logrado manifestarse mas allá de la suma de sus componentes. Sin embargo, su potencial creativo, así como otros elementos propios de la especie, lo han colocado en la primacía del propio planeta Tierra. Posiblemente, el elemento más obvio en la diferenciación del ser humano del resto de los pobladores del planeta es la interacción colectiva. Nuestra especie se relaciona con el ambiente, con otros seres vivos y con otros seres humanos de una manera vigorosa, creativa, amplia y a veces peligrosa.
Es
primordial para cada persona que ejerza cierto tipo de liderazgo en la sociedad
o la comunidad, el tratar de percibir de manera efectiva la interacción humana
y sus repercusiones. Por siglos la
humanidad ha cometido errores y vicios sociales a la vez que ha demostrado su
capacidad de crear y manifestar el bien colectivo. Esta dicotomía de
energías propias de nuestra especie nos han traído a un momento en la
historia donde somos capaces de maravillas y tragedias de dimensiones
insospechadas. Dado este privilegio,
cada ser humano tiene el deber de influenciar positiva y activamente el
bienestar de sus congéneres y del planeta en general. Eso, por definición, nos hace a todos lideres de una manera u
otra.
2) La lógica sistemática interdependiente
Como
sociedad, la humanidad funciona emulando un sistema de partes interdependientes
muy similar a un organismo vivo. Estas
partes interactúan en una relación de mutuo beneficio. Parte de este beneficio es la capacidad de los
individuos para delegar la conquista de las necesidades en otros individuos. Ejemplos de esto son: un refrigerador
abastecido de alimentos, la educación escolar de nuestros hijos y los sistemas
de transportación que hoy disfrutamos.
Damos esos avances por garantizados sin interiorizar la interacción y el
costo global necesario para conseguirlos.
Otro
bien que podemos disfrutar de esta interacción es la responsabilidad limitada
dentro del sistema. De esta ventaja se
deriva la especialización, los avances tecnológicos y parte de la certidumbre
que hoy damos por universal. Sin embargo,
todas las bondades del sistema dependen de la participación y la aportación de
cada uno de sus componentes. Esta
participación a su vez debe funcionar en una sincronía tal que los
participantes puedan reconocer, respetar y regenerar a sus contrapartes, a la
relación de interdependencia y al propósito del propio sistema. Ciertos problemas humanos como la pobreza,
la criminalidad, la contaminación y la guerra radican en profundos desbalances
o inconsistencias del propio sistema.
Independientemente
de las bondades o los vicios del sistema, este es la suma o exponenciación de
las voluntades individuales de quienes lo integramos. En pocas palabras, nosotros, los humanos, somos responsables del
resultado de la propia interacción. Por
otro lado, para muchos existe una ilusión de impotencia, desapego y
desafiliación con el resto del sistema.
Las personas que ejercen liderazgo de valores a distintos niveles de la
sociedad no se acatan a esa percepción y por tanto reconocen que cada
aportación cuenta de varias maneras. La
satisfacción propia, el efecto neto, el ejemplo ofrecido a otros y el factor de
cambio se ponen de manifiesto cada vez que obramos concientizados del sistema y
su interdependencia.
El
liderazgo tampoco rinde su individualidad a los caprichos tribales del
sistema. Los individuos que ejercen
liderazgo aportan ideas y valores originales tomando en cuenta una visión
amplia de las funciones de causa y efecto.
Es decir, para que la sociedad progrese de manera balanceada, los
lideres deben fomentar valores imaginativos, independientes y coherentes con la
parte positiva de la interacción sistemática de la sociedad. Manifestaciones como el vandalismo
anárquico, el crimen organizado y el terrorismo se basan en lógicas que
reniegan los posibles beneficios de esta interacción. Debe haber un lugar mas allá de la apatía y más sosegado que la
fuerza bruta donde el liderazgo aporte un factor de cambio basándose en valores
superiores dentro de las posibilidades del sistema. Busquémoslo en nuestras conciencias.
3) El libre albedrío
El
ser humano, como individuo, tiene la potestad de escoger, cuenta con el poder
de la razón y acumula un legado de experiencias a través de su cultura. Sin embargo, su desempeño, tanto individual
como colectivo, abarca desde lo sublime hasta lo monstruoso. Muchos proponen los elementos ambientales y
hereditarios como estímulos a la variedad de comportamientos que la humanidad
proporciona. Pero más allá de esas dos
variables, personas con similares culturas y familias suelen exponer frutos
opuestos a retos semejantes.
Existen
varias teorías que manejan la variedad de resultados que los humanos solemos
exponer a situaciones equivalentes. Dos
de las interpretaciones mas difundidas han girado en torno a la dualidad humana
y al caos circunstancial. Es cierto que
cada humano tiene el potencial de ejercer el bien y mal, es decir, de cierta
forma, somos duales. También es
correcto afirmar que lo único imposible para el ser humano es el pronóstico
exacto de sus propias posibilidades, es decir, el caos es parte de nuestra
realidad. Sin embargo, estas dos
condiciones no pueden explicar con claridad porque una persona encuentra y
devuelve al banco un saco con miles de dólares mientras otra persona lo
arriesga todo para asaltar el mismo banco.
Nuestra
mejor respuesta a estos dilemas podría radicar en otra de las paradojas que nos
definen. Esta respuesta se le conoce
como el efecto de Pigmalión, la profecía auto realizable o simplemente la
autoestima. La autoestima es un concepto
que apenas lleva cuatro décadas en los libros pero que nos persigue desde el
principio de los tiempos. Su relación con la variedad de respuestas humanas es
la siguiente: “Una persona responde a
estímulos internos o externos en función de la percepción que tenga de sí misma
y de la interpretación de su valor en relación con su propio medio
ambiente”.
Según
esta tesis sicológica, la orientación que optamos en nuestras decisiones,
depende mayormente del concepto que tenemos de nosotros mismos. Igualmente el manejo de las condiciones del
medio ambiente y la interpretación que le damos a los eventos externos dependen
de la profundidad y las habilidades que poseemos para conocernos y apreciarnos
a nosotros mismos. A su vez y como
causa reciproca, según respondemos a los retos de la vida, así desarrollamos la
estima propia. Por tanto, la
autoestima, siendo causal y consecuencia del curso de nuestras propias
acciones, define y se define del libre albedrío.
4) Los seis pilares de la autoestima
Uno de
los libros que mejor revela la autoestima y su utilidad fue escrito por el
doctor Nathaniel Branden, PH D. Este
libro llamado “Los seis pilares de la autoestima” es conciso y orientado
a su aplicabilidad. Aquí presentamos
recuento o notas de este libro que ha ayudado a muchas personas en la
consecución de mejores relaciones, éxitos personales y bienestar
emocional.
Autoestima – Conocer en nuestro valor humano y vivir de acuerdo a este.
-
Establece una correlacionado directa con:
o
Racionalidad, realismo, iniciativa,
creatividad, independencia, flexibilidad, tolerancia, mejoramiento, felicidad,
benevolencia y cooperación
-
Es causa reciproca de las experiencias que la
vida nos proporciona y de la imagen que tenemos de nuestra persona (La
autoestima es a la misma vez productor y consecuencia de nuestros éxitos y
fracasos)
-
La autoestima es transformable y varía con el
tiempo y las circunstancias
-
Conduce a la salud mental desarrollando la
confianza y respeto propio
-
Entiende la felicidad como algo posible y
merecido
-
Es confundida a veces con las ilusiones de
superioridad o falsa estima
-
Requiere aplicación - no es pasiva, intelectual
o contemplativa
-
Los seis pilares de la autoestima son:
o
Conscientización
o
Aceptación
o
Responsabilidad
o
Convicción
o
Intención
o
Integridad
Una persona ejerce
conciencia cuando:
-
Vive el presente sin perder el contexto más
amplio
-
Maneja los hechos relevantes
-
No evade la realidad, aunque sea incomoda o
dolorosa
-
Distingue los hechos más allá de las creencias
y las emociones
-
Reconoce los objetivos propios
-
Reconoce el propósito de sus acciones
-
Solicita consultas externas para corregir
situaciones
-
Persevera en entender la realidad aun en las
dificultades
-
Está receptivo a nuevos conceptos
-
Está dispuesto a revisar viejos conceptos
-
Identifica y corrige errores
-
Busca comprender y expandir la realidad externa
-
Busca descifrar las necesidades y las
realidades internas
-
Entiende y analiza al mundo y si es posible, al
universo
-
Conoce sus valores y sus raíces
Una persona ejerce
aceptación cuando:
-
Concede valides a su realidad humana
-
Acepta compasivamente lo bueno y lo deficiente
en sí mismo, para así poder decidir sobre ello
-
Reconoce que la aceptación es prerrequisito
para el cambio
-
Entiende que no se puede cambiar lo que
mantenemos en negación
-
Visualiza que la aceptación es no evadir
nuestro potencial, sino por el contrario, es despertarlo
-
Acepta su realidad incluyendo los factores
personales como el contexto, la fisonomía, las emociones, los pensamientos y el
privilegio de ser lo que somos
“El peor crimen que nos infligimos a nosotros mismos, no es aceptar
nuestras limitaciones, es negar nuestras incalculables posibilidades por miedo
a la viabilidad de las mismas.” - N.
Branden
Responsabilidad – Vivir de acuerdo a las
relaciones de causa y efecto
Una
persona ejerce responsabilidad en su vida cuando:
-
Permite convertir las metas en realidades
-
Presume que el poder está en su persona y no en
las condiciones
-
Se impulsa a alcanzar sus logros
-
Mantiene la conciencia despierta
-
Sostiene un comportamiento constructivo
-
Toma decisiones oportunas
-
Engendra la acción necesaria
-
Maneja sus emociones
-
Se envuelve en relaciones positivas
-
Gobierna su tiempo
-
Encuentra y reparte felicidad
-
Crece en sus valores
-
Vive, ama y crea desatado de miedos
Convicción – Honrar, mediante acciones,
las necesidades y los valores propios
Una persona ejerce convicción cuando:
-
Actúa opuesto a la timidez
-
Entiende la pasividad como un sabotaje
-
No evade la confrontación necesaria y justa
-
Evita la manipulación de los valores o
demagogias
-
Vive sus valores auténticamente y sin fingir
-
Dignifica sus valores abiertamente
-
Se trata a sí mismo con respeto
-
Reconoce el alcance de sus ideas y sus acciones
-
Desafía la detracción y el conformismo
-
Adopta valores justos, inteligentes, maduros y
necesarios
-
Desarrolla, trabaja, lucha y sustentas sus
principios
-
Aprende, cultiva y persevera nuevos y mejores
valores
-
Hace todo lo posible para convertir valores en
realidades
-
Reconoce que la diferencia esta en cada
aportación
-
Mantiene conciencia del contexto (Tiempo, lugar
y persona)
-
Procede en interés del bien
Intención – Actuar de acuerdo a un propósito conciente
Una
persona ejerce intención cuando:
-
Procede mas allá de las fuerzas del azar
-
Mantiene ideas especificas
-
Formula objetivos explícitos
-
Persigue metas productivas
-
Se esfuerza de forma significativa
-
Se conduce encaminado a resultados
-
Vigila el producto de sus acciones
-
Hace las correcciones necesarias
-
No confunde sus metas con su autoestima
-
No arruina su autoestima por alcanzar sus metas
Integridad – conducir la vida en armonía
con los propios principios
Una
persona ejerce integridad cuando:
-
Vive sus propias ideas y estándares
-
Orienta sus creencias y acciones a sus metas
-
Hace lo que piensa y lo que dice
-
No traiciona sus convicciones
-
Evita la hipocresía
-
Sustituye sentidos de culpa por honestidad
-
No vive dobles estándares o esquemas
-
Siembra felicidad en sus propios actos
-
Acepta y se responsabiliza de vivir armonizado
-
Admite que no somos perfectos
-
Reconoce el proceso de desarrollo personal
-
Se ama a sí mismo dentro de su propio
privilegio de existir
5) El vendedor más grande del mundo
Cuando
Og Mandino era un niño, su madre le leía libros para estimular su deseo por la
literatura. A muy corta edad, Og podía
leer por su propia cuenta como si fuera un joven adulto. Su madre continuó alimentando el deseo
literario de su hijo manifestándole que algún día, Og Mandino sería un gran
autor de libros. Apoyado por su madre,
el joven practicó escritura y participó en varias actividades relacionas en su
vida de estudiante. Cuando Og estaba
terminando la escuela, recibió una beca para estudiar periodismo en la mejor
universidad del país para dicha carrera.
Un par de semanas antes de comenzar sus estudios universitarios, la
madre de Og cayó muerta en el piso de la cocina mientras le preparaba una
comida a su hijo.
El
golpe para Og Mandino fue tan devastador que este abandonó sus planes de
estudio, se enlistó en el ejército y marchó para la guerra. Después de regresar de su experiencia
militar, Og se casó, tuvo una hija y comenzó a trabajar como vendedor. En esa profesión su vida giró entre el
trabajo incesante, los múltiples viajes, el alcohol y una pobre
autoestima. Dado a años de desenfrenos,
Mandino perdió su familia, su trabajo y comenzó a deambular por las calles. Después de meses de desesperación, en una
fría mañana, Og caminaba sin rumbo por la ciudad de Cleveland. Fue entonces, cuando algo lo distrajo desde
el escaparate de una casa de empeños.
Era
un revolver que tenía un costo de veintinueve dólares. Mandino introdujo su mano el bolsillo del pantalón y extrajo sus últimos
treinta dólares. En su mente planificó
comprar el arma, marchar a un lugar solitario y terminar con su miseria de un
disparo. A punto estaba de entrar a la casa de empeños cuando una helada brisa
lo hizo estremecer de frío. Og miró a
su alrededor y divisó la librería de la ciudad. Esta lucía como el único refugio posible a aquella brisa que
arreciaba con lluvia helada en cada soplo.
Después entrar a la librería, Og Mandino no pudo resistir su apego por
los libros.
En
pocos minutos, sus planes de suicidio quedaron pospuestos por la interesante
lectura. Luego de aquel día, Og regresó
a continuar leyendo lo que no pudo terminar el día anterior. El material seleccionado para leer mientras
se ocultaba del frío y la miseria trataba sobre autoestima y mejoramiento
personal. Entre los libros leídos
encontró uno sobre “Actitud Mental Positiva” de W. Clement Stone. Og llegó a enterarse de que el señor W.
Clement Stone era dueño de una compañía de seguros muy poderosa e
innovadora. Esta compañía basaba su
éxito en la aseveración de cada persona tiene internamente el potencial para
ser el mejor vendedor del mundo. Og no
tardó en contactar esa compañía y comenzar su carrera de vendedor una vez más.
Después
de varios años, Og Mandino era un exitoso profesional en el giro de la venta
personal. Además, Mandino trabajaba a
tiempo parcial como editor en la revista de la compañía llamada “Éxito sin
limites”. Ya con nueva carrera,
otra esposa e hijos, Og continuó su apetito por los libros de autoestima y
superación personal. Un día en que los
artículos de la revista no estuvieron completos, Mandino tuvo que escribir una
columna para rellenar espacio. Para su
suerte, meses después en otra ciudad,
un editor de libros leyó su columna mientras esperaba en el despacho de
su dentista. Este editor lo contactó y
le ofreció una oportunidad para escribir un libro. De esa casualidad nació “El Vendedor Más Grande del Mundo”,
libro que rompió todos los records de venta para su época.
Cuatro
años habían pasado desde su gran éxito y una empresa pidió comprar los derechos
del libro por una cantidad millonaria sin precedentes. Mandino cerró su contrato en la oficina
principal de la casa editora en Manhattan.
Luego de su más grande venta, Og salió del edificio y se dirigió
caminando a su hotel. Dado a una
ventisca fría y lluviosa, Mandino tuvo que tomar refugio en la primera puerta
abierta que encontró. Era una pequeña
capilla que permanecía prácticamente desolada.
El ya famoso autor, caminó hasta el altar, se arrodilló y sin poder
evitarlo, comenzó a llorar. Allí, en la
cúspide de su carrera y su vida personal, Og Mandino, dialogó íntimamente con
su fallecida madre.