Queridos amigos;

 

Este es el primer libro en que me voy a dedicar a escribir seriamente y con alguna intención comercial.  Aquí presento una muestra del trabajo con el propósito de entusiasmar algún agente editor que guste acompañarme en esta empresa.  Pueden contar con mi disponibilidad para discutir a profundidad el concepto y trabajar hasta su consecución. 

 

Estoy seguro de que después de leer esta pequeña muestra de la intención de este escrito, comprenderán que este proyecto cuenta con originalidad y el potencial necesario para llegar lejos.  No espero que me critiquen el trabajo a este nivel.  Solo quisiera conocer quienes  puedan estar interesados en darle vida a este libro.  Sin mas que decir, los dejo con esta lectura prematura pero bien intencionada. 

 

Su Amigo

César Moliné

 

Calle El Aquí, Avenida El Ahora

 

 

“En el medio de este camino

que llamamos la vida

me encuentro a mí mismo

en un bosque oscuro

sin una clara ruta a seguir,

perdido”

- Dante -

 

He llegado hasta este dilema de papeles para intentar una vez mas encontrarme dentro de mi propia humanidad.  Regreso de mis años de inquietos laberintos, trato de escapar de los mismos pequeños errores que amenazan con solidificarse en la inconsciencia.  Me alejo de las prestadas creencias que he cargado durante décadas y me lanzo al vacío metafísico necesario para abrirme al universo.  

 

No he escuchado voces, ni me he caído del caballo que me conducía a Roma.  No me acosa la muerte, que yo sepa, ni he presenciado eventos definitorios que me acorralen en una búsqueda del sentido existencial.  Al contrario.  La privilegiada plenitud me acoge, porto una acumulación de vivencias significativas y la apreciación sin prisa de mí ente en coparticipación de la colectiva evolución espiritual es mi pasaporte a regenerar mi intimo destino.

 

Sin embargo no puedo negar que mi curioso fuego de escudriñar sin escatimar se ha revelado desde una chispa de inquieta inconformidad.  Esa es la misma chispa que ha suministrado un trazo de vida espiritual dentro de mi vida tangible y que me cotiza otra puerta hacia mí mismo.  Yo pienso que sin esa inquietud renovadora que me impulsa constantemente a redefinirme, me convertiría en un ser estático y por definición dejaría de ser un coparticipe evolutivo para concluir en un algo.  Un algo momificado en etiquetas, miedos y pretextos para incumplir la compasión.  Un algo aliado de mitos ineptos e incapaces de discernir un paso sin desatar infinitos prejuicios.  Un algo socio de las mentiras clavadas en los títulos, los diplomas y farsas diseñadas para explotar elegantemente.  Un algo opuesto a la evolución de la ley del amor en el universo. 

 

Evolucionar y revolucionar el universo, que más puedo pedirle a la vida y que otra cosa la vida puede requerir esta de mí.  Definitivamente, es tanta la responsabilidad en este asunto de la evolución de la conciencia universal, que me atrevo a aseverar que nos jugamos la supervivencia de la especie humana en ello.   Es como una trama que se va tragando al auditorio de tal manera que transmuta al publico en actores participes de la obra con el propósito único de sobrevivir de nuestros propios errores y omisiones. 

 

Sobrevivir, nada más pragmático y su vez tan noble.  Sobrevivir es una paradoja de por sí.  Pero no es la única paradoja que pretendo dilucidar en estas traviesas páginas.  Como poco pretendo centrarme en mi propia idiosincrasia humana para observar hacia cuatro de los puntos cardinales de la pertinente reflexión que nos desvela a los libres pensadores.  Desde mi cambiante centro intentaré narrar una apreciación que aunque limitada por mis propias fronteras intelectuales y espirituales, es sincera, honesta y bien intencionada. 

 

No pretendo forjar una guía, un método o un patrón a emular.  De esos moldes hay de sobra.  Mas bien aspiro a presentar un colorido mosaico de ideas alcanzables y útiles para el beneplácito y usufructo del lector.  Después de todo, que somos sino silvestres mosaicos de pensamientos, sentimientos y otras vibraciones que se le antojan al espíritu o los espíritus que nos manifiestan.  

 

Cuando me embarco en esta misión entiendo que puedo y debo hacerlo.  Concibo que ha llegado el momento de darle melodía a las letras intelectuales que compilado desde los albores de mí agitada conciencia.  Me honra el instante para el intento y me colma la certidumbre de las posibilidades que porto en mis papeles.  Entiendo que me queda ahora encumbrar mi voluntad a donde apuntan mis deseos para así andar mis palabras.  No soy un filosofo titular o un consabido autor del millonario mercado de los libros.  Soy, como todos ustedes un caminante que ha llegado a la encrucijada de dos caminos entrelazados perpendicularmente.  

 

De este a oeste recorre la Calle El Aquí y de norte a sur cruza la Avenida El Ahora.  La primera se extiende desde este a oeste, es decir de oriente a occidente.   Esta vía se desplaza desde las milenarias escrituras Vedas, el Taoísmo de Lao Tzu y Siddhartha Gautama alias Buda hasta el materialismo participativo, el poder mental positivo y la reprogramación neuro lingüística.  La calle El Aquí atraviesa desde las primitivas barriadas asiáticas con sus milenarios enigmas espirituales hasta desembocar en el enmarañado Wall Street con sus desenfrenos millonarios. 

 

La avenida el ahora corre de sur a norte atravesando desde los oscuros albores del universo hasta perderse en el incógnito porvenir de la especie humana.  Esta avenida es mucho más extensa que la calle El Aquí.  Para poder abarcar semejante trayecto trataré de apreciar sus facetas desde mi limitada perspectiva histórica pero en alianza de una legión dinámica de exponentes de la vida como un arte.  Nuestra mirada por los parajes del sur de dicha vía nos permitirá apreciar algunos de los eventos históricos relevantes a nuestra actual circunstancias y una pizca de su actual significado.  Trataré de no ser muy rígido, extenso o serio en esta tarea.  De esta manera haremos mas corto un camino tan doloroso.   Para la vía norte invitaremos a una docena de seres que admiro por su claridad y su entereza humana para que nos brinden cierta luz sobre el futuro que se nos depara.     

 

Pensar, hablar o escribir sobre la temática espiritual sin presentar un contexto socio-histórico es una tarea truncada en su esencia.  Igual futilidad añade enfocarse en un materialismo histórico puro sin darle paso a las expresiones espirituales que le dan origen y sentido.  Sé que después de escribir este último par de aseveraciones sucederá una de dos cosas.  La mayoría de las personas preferirán no hablar conmigo sobre semejantes complicaciones existenciales o una pequeña emisión de inspiración les arrancará a los lectores una breve sonrisa de complacencia.  Quien sabe si las dos condiciones se cumplen.           

 

El orden de este escrito es a favor de las manecillas del reloj.  Comenzaré por el este, luego seguiré al  sur, después al oeste y terminaremos con el norte.  De esta manera honraré al más artificial de los conceptos humanos, el tiempo.  Sin embargo, este orden de describir la filosofía oriental primero, la historia humana segundo, el pragmatismo occidental tercero y terminar con una mirada al futuro ofrece cierto sentido.  Después de todo, por mas que alarguemos las miradas en cualquier dirección nunca podremos alejarnos de lo único eterno.  Estar siempre en el aquí y vivir eternamente el ahora.  

 

 

Avenida Ahora hacia el Sur

 

“El trayecto que nos ha reunido

en este insignificante planeta

y en este irrelevante instante 

ha sido acuñado milenariamente

por las profundas huellas

 de una infinita inteligencia.”

 

Para describir el trayecto histórico que nos ha depositado en este lugar y momento, podemos asumir las escuelas del pensamiento tradicional o podemos obviar la mayoría de las cátedras históricas anteriormente útiles.  Como aprendiz no convencional de la vida, opto por la segunda alternativa.  No pretendo descifrar el universo en mis papeles, aunque ensayaré una caprichosa cronología de hechos y aspiraré a sintetizar la esencia de ciertos acontecimientos que han permeado en nuestra existencia. 

 

La corroboración de hechos y el ajuste de los mismos a métodos científicos no limitan la licencia que me adjudico al narrar e interpretar la historia.  Después de todo, no existen dos seres humanos con idéntica perspectiva histórica.  Tampoco se puede preparar una interpretación o narrativa seria de la historia sin herir sensibilidades, sin incurrir en temas tabúes o sin arriesgarse a hacer el ridículo ante los ojos de los más recios eruditos.  Como autor, trataré de burlar el miedo y desde mi humilde posibilidad, lucharé en cada línea para liberarme de los armazones mentales que nos encierran en lo mismo. 

 

Mas aún, me acoge la certidumbre de que serán mas los adeptos que los críticos para la mayoría de los puntos que aquí expondré.  Como todo en este libro, la Avenida Ahora hacia el sur está diseñada con el pragmatismo y la aplicación en mente.  Es decir, los eventos que aquí relato y sus interpretaciones pretenden vivir mas allá de una conversación de tertulias intelectuales.  Para esa explicación preferiría no gastarme una letra más.

 

El contexto en que presento este viaje hacia el sur de nuestra historia cuenta sin embargo con cierta textura o fundamento filosófico.  Llamemos a esta complexión filosófica, el libre pensamiento.  Y como el primer paso del libre pensamiento es desatarnos de las limitaciones intelectuales que nos hacen pensar siempre de la misma manera, desecharé igual el pre-determinismo, los dogmas, las limitaciones científicas y el mero escepticismo. 

 

Después de decir eso, creo que me habré quedado casi solo.  Espero que los que incursionen conmigo en la lectura mas allá de este párrafo, tengan la intrepidez o la estupidez de volver a cuestionarlo todo.  Rene de Descartes dijo que hacer una nueva ciudad sobre un pueblo viejo es una perdida de tiempo. Yo los invito a derrumbar sus propias estructuras.  Derriben esos castillos, templos y caminos intelectuales para reinterpretar históricamente nuestro universo.  Esa es mi invitación.  

 

No les estoy sugiriendo que compren mi limitada intelectualidad para sustituir las ideas que ya ustedes poseen y cómodamente utilizan.  Eso sería, no sólo inútil, sino social y psicológicamente infantil.  Mi invitación, por el contrario, convoca a que hagamos una pausa en el camino para cuestionarlo todo, inclusive estas mismas palabras.  Así y solo así haremos espacio a los conceptos y conocimientos que espontáneamente acumulamos según nos van llegando desde la propia naturaleza.  En su discurso, Descartes sugirió ingeniar una fresca urbe intelectual sobre un terreno libre de prejuicios y arado de fijaciones.   Nuevamente, esa es mi invitación.

   

Quiero anticiparles además, que mi exposición de eventos libera dos conceptos no muy tradicionales en la narrativa histórica.  El primero es el reconocer la concepción de los acontecimientos sobre la consumación de los hechos.   Parece confuso pero no lo es.  Esto lo pudiese ejemplificar como el reconocer que el acontecimiento de que dos amantes  intiman para formar un nuevo ser, es más relevante que el propio hecho del día en que este nuevo ser emergió del vientre de su madre.   Este modo de ver la historia se enfoca mas en los puntos precisos donde se manifiestan las coyunturas y las decisiones fundamentales de la creación.  De nuevo, suena confuso, pero no lo es.  Después lo  veremos en la practica.

 

El segundo punto es la prerrogativa espiritual colectiva y su intención.  Para definir este asunto asumiré tres posibilidades tan debatidas como milenarias.  Sé que me costaría demasiado el tratar de explicar o justificar tales teoremas en las limitaciones que posee el lenguaje que puedo manejar.  También admito que hace escasamente cinco párrafos  me declaré libre de estructuras ajenas al libre pensar.  Sin embargo, estas tres piezas son asumidas como auténticas a través de mi narrativa, sin cuestionarlas en profundidad y sin definir su origen o forma.  Ustedes quedan como siempre han estado, libres de adoptarlas o no en sus interpretaciones de este trabajo. 

 

Estos tres ángulos no son nuevos dogmas o viejas ambivalencias de mi propia confusión. Tampoco se deben confundir con el interés de una secta particular o con la mitología de un estilo de vida esotérico.   Son mas bien el aliento que le dan vida mis palabras.  Para mí, son el punto donde la historia baila acompasadamente con la metafísica que nos define.  En otras palabras, suplen la amalgama que une el relato con su relevancia existencial.  Sinceramente creo que de no ser por estas tres conjeturas esenciales que esgrimo en mi interpretación de la historia, este libro no valdría ni el papel que lo porta.      

 

El primer elemento de la prerrogativa espiritual colectiva y su intención es la propia existencia del espíritu.  Para efectos de este capítulo asumiré que prevalece una entidad que acostumbramos llamar espíritu dentro de cada manifestación del universo.  Por miles de años la especie humana ha teorizado sobre tal entidad y si lo pensamos bien, esta es nuestra mejor esperanza.  El segundo punto es la colectividad espiritual o la pertenencia de cada espíritu a otro ente colectivo que llamaremos inteligencia infinita o universal.  Este punto también ha estado presente en el pensamiento humano de hace siglos y su más común sobre simplificación es la fútil personalización de Dios y sus atributos ajenos al colectivo espiritual.  En otras palabras, la caracterización de Dios como un ente separado de la totalidad de los espíritus participantes en la creación, nos acorrala en una mitología dual y por tanto excluyente.  En mi forma de percibir la creación evolutiva, la existencia de cada espíritu en el universo es inherente a todos los demás componentes del colectivo.  Mi interpretación histórica no presume excepciones a este principio.   

 

Por ultimo y no menos controversial es la interpretación de que acaece un natural propósito de tal inteligencia manifestada evolutivamente.  Que más puedo decir de este concepto sino que sobre simplificamos su significado en palabras tales como Tao, Nirvana, Voluntad Divina, el bien o el amor.  Demás está decir que todas ellas se quedan cortas de una manera u otra.  En el contexto de mi relato, emplearé mi termino favorito de evolución universal para sintetizar el propósito colectivo espiritual.  Sin embargo, admito que mi concepto es tan impotente como los anteriormente utilizados por espíritus que en ultima instancia son titánicamente mas adelantados que este servidor.    

 

Mi intención en esta parte segunda de Calle Aquí, Esquina Ahora es exponer una bitácora de las experiencias que hemos podido percibir en el contexto de nuestro propio propósito evolutivo.  Todo esto sin renegar que dicha empresa cósmica es determinada por la naturaleza del colectivo espiritual.  Ustedes preguntaran y con mucha razón, ¿Cómo será posible que el autor intente tal atrevimiento?  Y yo simplemente contesto que escudriñar dentro de este universo es nuestro primordial propósito existencial.  Por lo tanto, cuestionar no es un atrevimiento, sino un instinto natural.  Para mí, vivir una vida sin inquirir un propósito, no solo es el atrevimiento sino también un aplazamiento necio a la propia creación.   Así que hay vamos. 

   

 

El “Big Bang”

 

Era un día de 1940 en un prominente lugar de New Jersey.  Dos amigos de edad madura cruzaban una calle cuando uno le dice al otro, “Quizás todo viene de la nada”.  Estas inofensivas palabras inmediatamente desataron un evento cuántico de mayores proporciones.  El oyente detiene su caminar en medio de la transitada calle y queda paralizado.  Los autos que marchaban en la vía tienen que maniobrar desesperadamente para no arroyar al sexagenario que permanece inmóvil en el medio del carril.  A una velocidad inimaginable se entrelazan millones de neuronas frenéticamente resolviendo la más milenaria de las ecuaciones del universo.

 

Quince billones de años ocurren en una fracción de segundo y el petrificado transeúnte continuaba perdido en su verdad universal.  Su obsesión de declarar al tiempo como un mecanismo relativo había destronado la hegemonía del principio de la filosofía natural después de doscientos años de su establecimiento.  Sin embargo, el fantasma de una ley universal unificada le perseguirían hasta el día su muerte quince años mas tarde.  Definitivamente que el impetuoso pensador impartió todo su ser a la búsqueda de aquel nuevo principio. Su Némesis fue el subestimar aquella tarea que voluntariamente se impuso durante treinta años.

 

Albert Einstein casi pierde la vida aquel día de 1940 en una calle de Princeton donde existió iluminado por una secuencia de indescifrables conjeturas.  Por su privilegiada clarividencia se escuchó el eco de aquellas palabras a la vez que se organizaban los eventos cuánticos relativos al desentrañar la verdad cosmológica.  En aquel instante, Einstein pensó que toda materia en el universo fue creada desde la nada debido a que en un momento dado, la energía gravitacional negativa igualaba la inmovilidad positiva de la masa.  

 

Entender tales laberintos de la matemática física y a su vez de la filosofía metafísica, parecería un ejercicio inaccesible para cualquiera que como yo, carezca de las destrezas necesarias para cuadrar una chequera.  No obstante, Albert Einstein es otro de nosotros, los simples mortales, aunque potenciado en su inquieta genialidad hacia el infinito.  Su record de no haber terminado la escuela por razones de inadaptabilidad y su resonante fracaso en el examen de admisión a la universidad para estudiar ingeniería, hablan peor de la educación formal que de su genio.  En un momento dado Einstein declaró “He renunciado a toda ambición de entrar a la universidad” e igualmente se refería a sí mismo como falto de imaginación y habilidad.

 

Pero de errores y omisiones se puede aprender mas que del propio estudio de las leyes del universo.  En 1905, mientras Einstein era un burócrata de tercera clase en la oficina de patentes de Bern, en Suiza, presentó el primero de sus tres insignes papeles.  La suerte de este hombre y la historia quedaron marcadas por este documento llamado “La Teoría General de la Relatividad”.  Poco después, Albert Einstein presentó su”Teoría Especial de la Relatividad” y su tercer trabajo sobre “Estadística Mecánica”.  Uno de los iconos de mayor relevancia en la humanidad es su formula E=mc2 donde la energía es definida como masa por aceleración al cuadrado derribando el concepto de la tridimencionabilidad del cosmos.  Esta formula no solo es un homenaje a la magnificencia del universo sino también un reto a la soberbia y el conformismo humano. 

 

A principios del siglo XX un grupo de científicos teorizaba sobre nuevas formas de percibir la mecánica de la creación.  Estos nuevos pensadores de las posibilidades matemáticas, entre los que se encontraban Max Plank, Werner Heisenberg, Niels Bohr y Max Born, apuntaban hacia un nuevo orden del entendimiento de la física cuántica.   Sin embargo, el fantasma de los postulados de Sir Isaac Newton los mantenía, hasta cierto modo, amarrados al pasado.  Las precisas y palpables leyes Newtonianas de la masa, el tiempo y el movimiento se mantenían invictas y solemnemente obligadas para cualquier propuesta científica.  La ciencia estaba detenida o como argumentaban los adeptos de la física de Newton, todo estaba resuelto.             

 

Mientras tanto y desde su despacho en la oficina de patentes de Bern, Albert Einstein, un desabrido matemático judío, de calificaciones poco impresionantes, proporcionaba la piedra que aniquilaría al Goliat de una soberbia científica de mas de dos siglos.  A partir de ese evento, lo demás ha sido inercia hacia la reestructuración del pensamiento científico y humano.  Ya es un hecho aceptado que es mas lo que no sabemos que lo que hemos definido.  Sin embargo, Albert Einstein nos provee desde su genialidad, la trascendencia de perseverar en la pesquisa de la verdad y sobre todo, la esperanza de que podamos encontrarla.            

 

Todo parece manifestarse desde una compleja ecuación matemática que espera ser descifrada por nosotros los curiosos impertinentes que insistimos en descorrer el velo del universo.  La belleza de la teoría del “Big Bang” no es su fundamento matemático sino su apego a la imaginación humana.  Es poco lo que puedo añadir a la comúnmente aceptada noción de que el universo se expande y se enfría desde hace quince billones de años.  Tampoco debo extenderme cuando afirmo que hace cinco billones de años que nuestro sol existe y que hace cuatro punto seis billones de años que el planeta tierra se formó de los desechos de la propia estrella solar.  No menos escueto es declarar que tan solo tomó a la naturaleza medio billón de años mas para materializar bacterias en la faz de la tierra. 

 

Estos predecesores unicelulares y fotosintéticos se les considera los únicos pobladores del planeta durante dos billones de años más.  Mas bien su misión fue la de fertilizar y normalizar el medio ambiente para las futuras generaciones evolutivas.  El truco en su paciencia para evolucionar fue la ausencia de DNA en su núcleo celular.  Podemos agradecer a estas aburridas bacterias la sistemática creación del oxigeno y la preparación de una atmósfera benevolente a la vida.  Para no dormirlos con un catálogo de eventos biológicos, terminaré declarando que la molécula de DNA se manifiesta plenamente en las bacterias y organismos unicelulares que aparecieron en la tierra hace billón y medio de años.

 

Hoy día los cambios evolutivos en la tierra y en el conocimiento humano ocurren con una velocidad mayor a la de los tiempos previos a Einstein.  Científicos relativistas como Stephen W. Hawking y Sir Roger Penrose nos aportan con ampliaciones prácticas y teóricas a las hipótesis cuánticas del distraído peatón de Princeton.  Edward Witten, profesor del Instituto de estudios avanzados de Princeton, ha llevado el estudio de la mecánica cuántica a niveles de dualidad y representaciones multidimensionales de los principios de la materia.   Sir Roger Penrose también ha colaborado extensamente con el Doctor Stuart Hameroff en el estudio del impacto de la física cuántica en la conciencia biológica y viceversa. 

 

Y me preguntaran ustedes, ¿Cuál es la utilidad de semejantes estudios? Piensen por un momento en conocer las capacidades cuánticas de la mente biológica de tal manera de que podamos ejercer control o influenciar nuestro entorno material.  Es decir ser participes más activos y conscientes de la creación.  En el lado opuesto del espectro estamos hablando de reconocer el origen de cada pensamiento mas allá del nivel neurológico, es decir, en otra dimensión.  Por último, mencionaré a la Doctora Paola Zizzi y sus estudios sobre la conciencia universal emergente, desde el mismo instante del “Big Bang”.  Estas teorías que hace algunos años hubiesen sido causa de risa entre los círculos científicos, hoy han ganando respeto y apuntan hacia alianza biológica con la inteligencia universal.  

 

El “Big Bang” es reconocido generalmente como el primer evento cronológico observable por la ciencia moderna.  Muchos lo sobre simplifican como el principio de todo.  Sus explicaciones y conjeturas se basan en complejas ecuaciones de la física cosmológica y sobre todo en el ingenio y la imaginación humana.  Haciendo justicia a lo que Albert Einstein dijo en una de sus mas celebres citas, “La imaginación es más importante que el conocimiento”, yo imagino y cándidamente digo; “Quizás todo NO viene de la nada”.      

 

 

Los primeros seres vivos

 

Eran seis de la tarde, un jueves de marzo de una semana de trabajo cualquiera y Joseph Hazelwood, espaciaba sus horas tomando unos tragos en un bar.  A Joseph lo acompañaban media docena de colegas de labores.  Al regresar al barco, a eso de las ocho y treinta, comenzaron los afanes para subir a bordo y zarpar desde el terminal industrial de Alyeska con destino a California.  La primera fase de la salida del puerto fue conducida por el servicio de remolcadores del terminal.  Después de navegar por la estrecha bahía durante algunas dos horas, el capitán Hazelwood detectó varios témpanos de hielo en su ruta.  El experimentado marino, obviando todo procedimiento, programó la computadora del barco a manual y procedió a salir de la ruta establecida por el plan de navegación. 

 

Después de esquivar el hielo, inició otra vez las computadoras pero en un programa de navegación automática un tanto arriesgado.  Sin encomendarse a nadie, el Capitán Hazenwood le entregó el mando a dos oficiales y se retiró a descansar del agitado día y de los tragos que había tomado.  El oficial de segunda LeCain y su camarada de tercera Cousins quedaron a cargo de la operación.  Poco después, LeCain abandonó el comando dejando al oficial de tercera Cousins a cargo del tánquero de 987 pies de eslora cargado de mas de cincuenta millones de galones de petróleo crudo.  La rutina programada por el capitán, una hora antes, ubicaba la nave fuera de la ruta permitida para navegar en el estrecho y a una velocidad impetuosa. 

 

Pese a maniobras de emergencia del oficial Cousins, a las doce con cuatro minutos de la madrugada del viernes santo de 1989, el Exxon Valdez se accidentó contra el arrecife  Bligh en el sur de Alaska.   Dado las innumerable violaciones de seguridad incurridas por el mando del navío, la compañía Exxon fue responsabilizada por el derramamiento de mas de diez millones de galones de petróleo crudo en uno de los lugares mas vírgenes y bio-diverso del planeta.  Las victimas principales de este desastre ecológico fueron las innumerables especies de plantas y animales que perecieron ante el inclemente aceite negro.  Ningún ser humano perdió la vida en dicho evento.

 

Según la mayoría de las teorías científicas, los primeros seres vivos en la tierra aparecieron en la forma de bacterias.  Estos primitivos seres carecían de DNA y se alimentaban fermentando los minerales del planeta.  Durante dos billones de años, esta nauseabunda espuma bacterial cubrió la tierra con el benevolente resultado de la emisión del oxigeno y una gran parte de la energía que hoy disfrutamos.  Al día de hoy no hay evidencia concluyente de que este proceso se haya repetido en algún otro planeta aunque la posibilidad de que sea un evento común en el cosmos es muy alto.  Los teóricos cuánticos afirman que parte del propósito de este universo recreativo es la manifestación de vida en sí. 

 

Si una cosa ha sido inalcanzable por los intelectuales de la bioquímica, es el repetir la asombrosa formula.  Ellos conocen los componentes y las condiciones necesarias para reproducir la mayoría de las moléculas biológicas bajo condiciones controladas.  Sin embargo, carecen de las palabras mágicas para concebir vida desde la inerte materia en un tubo de ensayo.  Este enigma ha perseguido a la comunidad científica como el viejo fantasma de la paleo-biología.  De nuevo, los teóricos cuánticos afirman una respuesta disonante a los esfuerzos que se han trabajado al momento.  De acuerdo con estos últimos, la intención de la vida proviene del infinito reino subatómico y no del tosco feudo molecular.  Yo me inclino por apoyar esta esperanzadora proposición donde cabe inclusive nuestro propio ser como mentores de la divina receta. 

 

No hacen falta palabras para acentuar el valor de este elemento indispensable de la vida en cualquier persona.  Tan solo basta con cortarnos el suministro de oxigeno por un par de minutos para que nuestra experiencia viviente nos desfile por la conciencia y con todo lujo de detalles.  Sin embargo, el ser humano es el único ente viviente que trivializa la vida de las otras especies, por no decir la de la propia.  Todas las demás especies son capaces consumir vidas ajenas pero con una gran diferencia sobre la contraparte humana.  Ellos se acatan a la ley natural del intercambio de energía, donde se minimiza el derroche, se evita el abuso o acaparamiento de recursos y donde existe un balance o ciclo vital.  Yo dejo la interpretación de esta aseveración del intercambio de energía a cargo de quien me lee en este momento y en la confianza de su verdad tangible. 

 

Cada ente viviente es de por sí, es una pieza en este juego de la existencia en cada instante en la historia natural.  Tratar de extraerse de tal sabiduría es un ejercicio fútil y por definición antinatural.  Reclamar sentido opuesto a tal concepto, es retraerse de la especie humana y de su propia empresa espiritual.  Es por eso que en cada instancia viviente coexiste un homenaje a la vida misma.   Por tanto, la vida ajena, sin ponderar criatura alguna, es esencia de nuestra propia esencia, esperando ser percibida y revivida.  En este planeta, todo ser vivo encarna algo mas que un conteo de proteínas, un verde panorama o un recurso prescindible.  Ciertas culturas asiáticas y mesoamericanas poseen una clara percepción de este concepto y veneran la vida de cada ser viviente como a la propia vida humana.  En otras palabras, reconocen la ley universal del  intercambio de energía y su ciclo natural.  Desgraciadamente, no podemos decir lo mismo de la desnaturalizada cultura mercantil occidental.   

 

El infausto derrame del Exxon Valdez en el estrecho del Prince William se extendió por mas de dos mil quinientas millas de costas, arrecifes y estuarios al sur de Alaska.  Es prácticamente imposible calcular la cantidad de organismos que se vieron afectados por este error humano.  Se estima que cincuenta por ciento del petróleo derramado quedó esparcido en el medioambiente después de años de gestiones de limpieza.  El petróleo crudo es una mezcla orgánica de hidrocarburos, es decir, un cóctel aceitoso de carbono e hidrógeno producto de los propios seres vivientes.  El petróleo se considera un recurso no regenerable debido a que el natural proceso de su creación tarda cientos de millones de años.  Para el ser humano y con cierto sentido, es un procedimiento demasiado largo para su concepción.

 

Sin embargo, la naturaleza se manifiesta empleando el tiempo de una manera más universal y menos dependiente del calendario.  La vida, su obra maestra, es producto de su magnificente paciencia en la generación, conversión e intercambio de energía.  Gran parte del conflicto de la especie humana con su entorno natural se delimita en la incapacidad del homo sapiens para coexistir armonioso con el propio proceso evolutivo. 

 

La compañía Exxon fue multada por cientos de millones de dólares y cooperó ampliamente en el proceso de limpieza del habitad afectado.  El Capitán Joseph Hazelwood fue hallado inocente de navegar en estado de embriaguez.  Sin embargo fue multado en cincuenta mil dólares y sentenciado a mil horas de trabajo comunitario debido a su penosa negligencia.  El proceso de limpieza y restauración ha contado con mas de diez mil trabajadores y ha costado mas de dos billones de dólares.  Nunca se ha podido determinar el saldo exacto en perdidas de vida de las especies marinas, las aves acuáticas y los mamíferos marinos.  Gracias al gran esfuerzo de las partes envueltas, una gran porción de las costas y estuarios del sur de Alaska han sido restaurados a condiciones satisfactorias.

 

La naturaleza misma ha puesto de su parte en este proceso de limpieza y absorción de la ineptitud del hombre.  La disolución de decenas de millones de galones de petróleo en las aguas salinas y la cooperación de bacterias capaces de digerir parte del derrame, han sido factores de auxilio en el proceso.  Yo pienso que la inteligencia natural conoce algo que nosotros raramente tomamos en cuenta y que urge reconocer.  Quizás dentro de su paciencia evolutiva, el genio natural parece operar un mecanismo para su supervivencia mas allá de las especies que derrochan el mayor de sus regalos, la vida misma.      

                    

 

  Ácido desoxirribonucleico  (DNA)

 

La blanca escarcha se acumulaba en la ventana que miraba a la borda de estribor.  El vapor “Estambul Mágico” casi terminaba su travesía de varias semanas aquel febrero de 1913.  Los olores de docenas de maltrechos seres humanos se entremezclaban con el calor que irradiaba de un radiador en medio del salón mezanine numero tres.  El inmigrante turco-judío Elías Pashat abraza a su joven esposa esperanzado de que esta fuese la última de sus hirientes travesías.  Lo acoge la esperanza de que sus dotes de orfebre le materialicen una vida nueva en la tierra nueva.  De repente, varios gritos hacen levantar a todos y corren a cubierta sin pensar en la helada tortura de la brisa, “¡AMERICA!, ¡AMERICA!, ¡AMERICA!”.   

 

Antes que terminara la celebración y los abrazos, una inspiradora dama los recibía antorcha en mano, esperanza en pecho, en el epicentro del Río Hudson.  Elías y su esposa Marsha desembarcan en la Isla Ellis junto a cientos de coloridos seres que no ocultan su amalgama de sentimientos e incertidumbres.  Varias filas burocráticas, una sopa tibia aguada y un examen médico exploratorio típico de la época lo inauguran en la racionalidad norteamericana.  El trámite final para entrar en el nuevo mundo es un largo ejercicio verbal coordinado por dos oficiales de la administración de inmigración. 

 

Después de incontables dificultades para manifestar respuestas desde su natural ladino, su buen turco y su limitado francés, Elías contesta las interrogantes que se le presentan.  Su condición étnica de Serfardí y su piel aceitunada no lo amparan para fijar una impresión favorable entre sus evaluadores.   Los resultados no se hacen esperar y para sorpresa de Elías, su ingreso a Estados Unidos ha sido objetado.  La razón presentada para la negación de su solicitud de ingreso es el desenlace de la prueba de cociente intelectual tipo Binet que se le administró.  Este indolente instrumento ha determinado que el inmigrante Elias Pashat posee una “mente blandengue” y por tanto su entrada al país norteño es detrimental a la calidad del eugenismo norteamericano. 

 

Los organismos vivos utilizan miles de proteínas para distintas funciones biológicas.  La mayoría de estas son preparadas por el mismo cuerpo siguiendo recetas rígidas que marcan la estructura de cada molécula.  Los ácidos nucleicos son una de estas proteínas moleculares compuestas de secuencias especificas de fosfatos y azucares.  Lo excepcional de estas moléculas es que se combinan en secuencias que determinan las cualidades naturales en todos los organismos vivos que las portan.  Excepto en el caso de los virus, los seres vivos utilizan el DNA o ácido desoxirribonucleico para determinar la combinación genética que se manifiesta en cada característica hereditaria. 

 

Cuando el oficial de inmigración de la Isla Ellis descalificó a Elías Pashat como apto para entrarse al país, este practicaba una política destinada discriminar sobre cierto tipo de inmigrantes.  Según los parámetros recomendados por la Fundación del Mejoramiento de la Raza, dirigida por el Doctor John H. Kellogg de Michigan, ningún inmigrante, en edad de procrear, que no pasara la supuesta prueba de inteligencia, podría entrar a los Estados Unidos.  Esta prueba, así como la barrera idiomática que la invalidaba, acentuaba la esencia xenofóbica de ciertos grupos de influencia que han merodeado por la historia de la humanidad.  

 

El eugenismo o la preferencia hereditaria se practica en la intencionalmente desde los tiempos de los griegos.  Esta nefasta actividad de evitar el natural mestizaje de los distintos componentes raciales ha servido para diferentes propósitos.  Todavía no puedo concurrir con uno bueno.  En la antigüedad se trabajaba con intención de incrementar ciertas cualidades para grupos específicos como los esclavos y los guerreros.  Después de abolir la esclavitud, en Estados Unidos se implementaron leyes para prohibir casamientos interraciales, para esterilizar grupos étnicos particulares y para establecer cuotas raciales a la inmigración europea. 

 

Grupos de apoyo a estas practicas y laboratorios especializados cooperaron con el gobierno nazi de Alemania para el diseño de su funesta política de pureza racial.  Para el año 1940, cerca de medio millón de personas habían sido esterilizadas involuntariamente en América y Alemania para evitar la propagación de su herencia genética.  Poco después, el gobierno Alemán extendió su limpieza étnica sustituyendo la esterilización por la eutanasia y otras practicas que ya todos conocemos.  Todavía hoy existen grupos en los Estados Unidos que abogan por la sistemática pureza racial y otros mitos del eugenismo. 

 

Por suerte, cuando Charles Darwin mencionaba la supervivencia del más competente, circunscribía también al mas desarrollado emocional y espiritualmente.  Estudios psicológicos y sociales han demostrado mas allá de dudas que el éxito de una persona o un grupo particular de personas no radica en su composición genética.  La capacidad  y aptitud de los casi seis billones de seres humanos que pueblan el planeta ni siquiera se puede medir por los niveles intelectuales o de inteligencia.   La mayoría de los científicos del comportamiento concuerdan en que el éxito de las personas radica básicamente en una serie habilidades emocionales e intangibles.  

 

Primeramente puedo mencionar, la capacidad de definir objetivos o metas a corto y largo plazo.  Segundo y no menos importante, la fuerza de voluntad necesaria para posponer gratificación inmediata en pos del bien mayor.  Y para no alargar esta lista mencionaré, la facultad empática o el poder percibir y cultivar las emociones de otras personas.  Estas de destrezas y otras mas, en la misma categoría, aunque son influenciadas por el factor hereditario, se potencian debido a la crianza y la educación desde temprana edad.  

 

Hoy día, la ciencia de los estudios genéticos ha abandonado casi por completo las prácticas racistas de sus orígenes y revoluciona rápidamente a la medicina y a la producción alimenticia.  Desde el descubrimiento de la estructura molecular del DNA por el médico británico Francis Crick en 1953, enormes progresos se han alcanzado en los aspectos científicos y humanitarios de la ingeniería genética.  Funciones como la reducción en la propensidad al cáncer y otras enfermedades, la clonación de especies ya extintas  y el mejoramiento de la producción alimenticia nos brindan una idea de lo que pudiesen ser los tiempos que nos esperan.  

 

Al aparecer en la tierra los primeros seres equipados con la molécula del DNA hace billón y medio de años, dos eventos ocurren cruciales en la evolución.  El primero de estos eventos es el establecimiento del mecanismo predilecto de la naturaleza para fomentar la transmisión del material hereditario.  Este mecanismo a su vez es la base para el desarrollo de nuevas especies mediante los eventos darwinianos que ya conocemos.  El segundo evento es un tanto más profundo.  Debido a que la molécula de DNA es protegida dentro de un núcleo asociado en una cooperativa biológica con el resto de la misma célula, se considera que están salvaguardando las futuras generaciones de los eventos inmediatos. 

 

Así es la naturaleza, sabia en su propósito, paciente como los siglos y con ribetes de empatía hasta en sus decisiones más primitivas.  Esas son las mismas cualidades que los científicos sociales nos recomiendan fomentar en nuestros propios hijos para el bienestar y la supervivencia de las especies que quedan o de las que están por llegar.   Me consta de que de que Elías entró a los Estados Unidos ese mismo año junto a su esposa sobreponiéndose a las trabas burocráticas racistas.  Dado a su perseverancia, su visión y su tradición familiar, Elias Pashat fue un próspero comerciante del área oeste de Manhattan.  Sus dos hijas nacieron y se criaron en América.  Luego procrearon nuevas familias con esposos de ascendencia norteamericanos.   Después de todo, la naturaleza no cree en la puresa racial, sino en el constante mestizaje que evoluciona y multiplica.  Su formula se manifiesta en su propia receta del DNA.  Uno de azúcar, uno de fosfato, uno de azúcar, uno de fosfato, uno de azúcar y así hasta infinito.          

    

 

Los organismos multicelulares

 

En el cumpleaños número diecinueve de Asachi Mitoki no hubo regalos o fiestas y ni siquiera una llamada amistosa irrumpió el balbuceo de la televisión.  Asashi ocupa un una habitación del apartamento de sus padres en la ciudad de Osaka, trescientas millas al oeste Tokio.  La última vez que este joven compartió con sus congéneres fue hace veinte meses en la salida de su antigua escuela.  Por razones que no vienen al caso, Asashi Mitoki se ha convertido en un apartado o hikikomori como se le conoce en Japón.  Este varón, al igual que cerca de un millón de jóvenes japoneses, se ha retirado de la sociedad a su habitación donde vegeta horas, días y meses.  Durante la mayor parte del día se dedica a dormir y de noche destina largas horas al televisor y a navegar en el Internet.  De su habitación sale solo a la cocina y al baño un par de veces por noche.  

 

La juventud que incurre en hikikomori presenta un cuadro de disociación voluntaria de las demandas de la colectividad social.  Muchos de ellos se las pasan meses sin participar en conversaciones con sus padres o cualquier otra persona.  Asashi comenzó gradualmente con su encierro desde que fue rechazado por la universidad de Osaka para estudiar Ingeniería de Sistemas.  Sus padres alegaron por algunas semanas que su comportamiento se debía a que estaba diseñando programas de computadoras en su solitaria habitación.  Después de año y medio de aislamiento, la madre de Asashi ha pedido ayuda a un grupo de apoyo para familias victimas de hikikomori.

 

Después de varios billones de años de la existencia de la vida en la tierra, la naturaleza diseñó el concepto cooperativista celular.  Los primeros organismos multicelulares aparecieron en la tierra hace cerca de seiscientos millones de años.  En este método o sociedad orgánica, las tareas se reparten y surge como producto la especialización celular.   Las esponjas fueron los primeros organismos que adaptaron este mecanismo y por cierto, con mucho éxito.  Muestra de eso es, que a pesar de varias extinciones en masas ocurridas en la tierra, todavía las esponjas son una parte significativa de la fauna marina.  Las esponjas que hoy conocemos, dividen sus células en cerca de once categorías funcionales que sé supeditan al bien común del organismo.  Este innovador modelo contrasta con el animal unicelular que a pesar de su autonomía evolutiva, sobrevive de forma solitaria y expuesto a una competencia inclemente. 

 

Como evidencia de tal avance, los organismos unicelulares terminaron siendo el alimento predilecto de las propias esponjas.  Para esta misión, las esponjas asignaron a ciertas células la tarea de mover el agua utilizando filamentos mientras otro tipo de células atrapa los organismos que se filtran por sus porosidades.  Se dice que la especialización es una forma de saber más y más de menos y menos.  Esta formula de la especialidad es más eficiente por que releva de innumerables responsabilidades a cada componente de la comunidad celular.  Sin embargo el elemento que me llama mas la atención de este sistema multicelular es la propia gestión cooperativista.

 

No sabemos como esta empresa de la alianza permanente aprendió a existir dispuesta a sacrificar la propia identidad por el bien común.  Tampoco puedo garantizar que este fue el designio de la propia evolución al diseñar tal formula.  De todas maneras manifiesta un paso en la dirección correcta.  Las coaliciones especializadas han sido desde entonces la interrelación más representada en la naturaleza viva.  El término clave aquí es el de “sistema interdependiente”.  Dentro de cada ente orgánico multicelular se puede observar la intención de la naturaleza en este sentido.  Cuando los organismos multicelulares integraron sus partes, ejercieron a su vez, una interdependencia de servicios y beneficios como mecanismo de supervivencia.  Cada célula que compone un organismo de este tipo, se reconoce a sí misma como parte y somete una porción de su esfuerzo al provecho de los otros participantes.      

 

Un esquema análogo es la relación entre reinos, géneros y especies dentro del propio orden natural.  El reino vegetal y el animal, por ejemplo, intercambian gases, nutrientes y otros favores necesarios para sobrevivir.  Cada ecosistema es por definición un ciclo de sustento donde la exterminación abrupta de uno de sus componentes puede resultar en una catástrofe para el resto del colectivo.  Este riesgo es un precio pequeño si lo comparamos con los beneficios que la evolución obtiene de sus múltiples relaciones.   Según el budismo y otras culturas espirituales, el universo en sí es una interdependencia de almas que se benefician mutuamente del intercambio creativo de experiencias.  Es difícil negar que esta definición cosmológica está influenciada por observaciones de la naturaleza misma. 

 

Una de las relaciones más avanzadas entre los seres vivos que hoy conocemos es la propia estructura social o civilización humana.  Durante apenas cinco milenios, los seres humanos se han propuesto trabajar las interconexiones de sus complejos intereses y visiones con el propósito de sobrevivir y progresar.  Tratar de definir cuan efectivamente la humanidad ha desempeñado su evolución colectiva es un juicio muy complejo para abundar en este momento.  Sin embargo, el enlace entre todos los componentes de la humanidad es un hecho irreversible en el mundo de hoy y yo espero que en el universo del mañana también.  Tanto es así que se me hace difícil concebir la supervivencia humana si nuestra especie no se adapta mejor a la coexistencia con ella misma y con sus especies coterráneas. 

 

Ya no hay vuelta atrás con esta premisa.  Ni siquiera para Asachi Mitoki en su pequeño mundo de cuatro paredes y dos ventanas electrónicas.  Cada vez es mas obvio que la opción ermitaña no tiene cabida en el espíritu colectivo que entrelaza a humano con humano, a humanos con la tierra y a humanidad con el universo.  Las mismas estructuras monásticas de los próximos siglos prometen entrelazar sus destinos con los demás participantes del sistema interdependiente humano.  Un ejemplo de esto es la proliferación misiones urbanas dedicadas a la ayuda humanitaria en contraparte con el ocaso de los antiguos monasterios consagrados a la mera contemplación.   Se pueden contar en Asia Central, mas de mil ochocientas casas de caridad fundadas por la Madre Teresa de Calcuta.  Definitivamente se requiere una conciencia profunda de la interdependencia universal para dedicar una vida a tal tarea.  En una de sus más inspiradoras frases, esta santa mujer nos obsequia; “Construyamos juntos una gran cadena de amor alrededor del mundo”.