Queridos amigos;
Este es el primer libro en que me voy a
dedicar a escribir seriamente y con alguna intención comercial. Aquí presento una muestra del trabajo con el
propósito de entusiasmar algún agente editor que guste acompañarme en esta
empresa. Pueden contar con mi
disponibilidad para discutir a profundidad el concepto y trabajar hasta su
consecución.
Estoy seguro de que después de leer esta
pequeña muestra de la intención de este escrito, comprenderán que este proyecto
cuenta con originalidad y el potencial necesario para llegar lejos. No espero que me critiquen el trabajo a este
nivel. Solo quisiera conocer quienes puedan estar interesados en darle vida a este
libro. Sin mas que decir, los dejo con
esta lectura prematura pero bien intencionada.
Su Amigo
César Moliné
Calle El Aquí, Avenida El Ahora

“En el medio de este camino
que llamamos la vida
me encuentro a mí mismo
en un bosque oscuro
sin una clara ruta a seguir,
perdido”
- Dante -
He llegado hasta este dilema
de papeles para intentar una vez mas encontrarme dentro de mi propia
humanidad. Regreso de mis años de
inquietos laberintos, trato de escapar de los mismos pequeños errores que
amenazan con solidificarse en la inconsciencia. Me alejo de las prestadas creencias que he cargado durante
décadas y me lanzo al vacío metafísico necesario para abrirme al universo.
No he escuchado voces, ni me
he caído del caballo que me conducía a Roma.
No me acosa la muerte, que yo sepa, ni he presenciado eventos
definitorios que me acorralen en una búsqueda del sentido existencial. Al contrario. La privilegiada plenitud me acoge, porto una acumulación de
vivencias significativas y la apreciación sin prisa de mí ente en
coparticipación de la colectiva evolución espiritual es mi pasaporte a
regenerar mi intimo destino.
Sin embargo no puedo negar
que mi curioso fuego de escudriñar sin escatimar se ha revelado desde una
chispa de inquieta inconformidad. Esa es
la misma chispa que ha suministrado un trazo de vida espiritual dentro de mi
vida tangible y que me cotiza otra puerta hacia mí mismo. Yo pienso que sin esa inquietud renovadora
que me impulsa constantemente a redefinirme, me convertiría en un ser estático
y por definición dejaría de ser un coparticipe evolutivo para concluir en un
algo. Un algo momificado en etiquetas,
miedos y pretextos para incumplir la compasión. Un algo aliado de mitos ineptos e incapaces de discernir un paso
sin desatar infinitos prejuicios. Un
algo socio de las mentiras clavadas en los títulos, los diplomas y farsas
diseñadas para explotar elegantemente.
Un algo opuesto a la evolución de la ley del amor en el universo.
Evolucionar y revolucionar
el universo, que más puedo pedirle a la vida y que otra cosa la vida puede
requerir esta de mí. Definitivamente,
es tanta la responsabilidad en este asunto de la evolución de la conciencia
universal, que me atrevo a aseverar que nos jugamos la supervivencia de la
especie humana en ello. Es como una
trama que se va tragando al auditorio de tal manera que transmuta al publico en
actores participes de la obra con el propósito único de sobrevivir de nuestros
propios errores y omisiones.
Sobrevivir, nada más
pragmático y su vez tan noble.
Sobrevivir es una paradoja de por sí.
Pero no es la única paradoja que pretendo dilucidar en estas traviesas
páginas. Como poco pretendo centrarme
en mi propia idiosincrasia humana para observar hacia cuatro de los puntos
cardinales de la pertinente reflexión que nos desvela a los libres
pensadores. Desde mi cambiante centro
intentaré narrar una apreciación que aunque limitada por mis propias fronteras
intelectuales y espirituales, es sincera, honesta y bien intencionada.
No pretendo forjar una guía,
un método o un patrón a emular. De esos
moldes hay de sobra. Mas bien aspiro a
presentar un colorido mosaico de ideas alcanzables y útiles para el beneplácito
y usufructo del lector. Después de
todo, que somos sino silvestres mosaicos de pensamientos, sentimientos y otras
vibraciones que se le antojan al espíritu o los espíritus que nos
manifiestan.
Cuando me embarco en esta
misión entiendo que puedo y debo hacerlo.
Concibo que ha llegado el momento de darle melodía a las letras
intelectuales que compilado desde los albores de mí agitada conciencia. Me honra el instante para el intento y me
colma la certidumbre de las posibilidades que porto en mis papeles. Entiendo que me queda ahora encumbrar mi
voluntad a donde apuntan mis deseos para así andar mis palabras. No soy un filosofo titular o un consabido
autor del millonario mercado de los libros.
Soy, como todos ustedes un caminante que ha llegado a la encrucijada de
dos caminos entrelazados perpendicularmente.
De este a oeste recorre la
Calle El Aquí y de norte a sur cruza la Avenida El Ahora. La primera se extiende desde este a oeste,
es decir de oriente a occidente. Esta
vía se desplaza desde las milenarias escrituras Vedas, el Taoísmo de Lao Tzu y
Siddhartha Gautama alias Buda hasta el materialismo participativo, el poder
mental positivo y la reprogramación neuro lingüística. La calle El Aquí atraviesa desde las
primitivas barriadas asiáticas con sus milenarios enigmas espirituales hasta
desembocar en el enmarañado Wall Street con sus desenfrenos millonarios.
La avenida el ahora corre de
sur a norte atravesando desde los oscuros albores del universo hasta perderse
en el incógnito porvenir de la especie humana.
Esta avenida es mucho más extensa que la calle El Aquí. Para poder abarcar semejante trayecto
trataré de apreciar sus facetas desde mi limitada perspectiva histórica pero en
alianza de una legión dinámica de exponentes de la vida como un arte. Nuestra mirada por los parajes del sur de
dicha vía nos permitirá apreciar algunos de los eventos históricos relevantes a
nuestra actual circunstancias y una pizca de su actual significado. Trataré de no ser muy rígido, extenso o
serio en esta tarea. De esta manera
haremos mas corto un camino tan doloroso.
Para la vía norte invitaremos a una docena de seres que admiro por su
claridad y su entereza humana para que nos brinden cierta luz sobre el futuro
que se nos depara.
Pensar, hablar o escribir
sobre la temática espiritual sin presentar un contexto socio-histórico es una tarea
truncada en su esencia. Igual futilidad
añade enfocarse en un materialismo histórico puro sin darle paso a las
expresiones espirituales que le dan origen y sentido. Sé que después de escribir este último par de aseveraciones
sucederá una de dos cosas. La mayoría
de las personas preferirán no hablar conmigo sobre semejantes complicaciones
existenciales o una pequeña emisión de inspiración les arrancará a los lectores
una breve sonrisa de complacencia.
Quien sabe si las dos condiciones se cumplen.
El orden de este escrito es
a favor de las manecillas del reloj.
Comenzaré por el este, luego seguiré al
sur, después al oeste y terminaremos con el norte. De esta manera honraré al más artificial de
los conceptos humanos, el tiempo. Sin
embargo, este orden de describir la filosofía oriental primero, la historia
humana segundo, el pragmatismo occidental tercero y terminar con una mirada al
futuro ofrece cierto sentido. Después
de todo, por mas que alarguemos las miradas en cualquier dirección nunca
podremos alejarnos de lo único eterno.
Estar siempre en el aquí y vivir eternamente el ahora.
Avenida Ahora hacia el Sur
“El trayecto que nos ha
reunido
en este insignificante
planeta
y en este irrelevante
instante
ha sido acuñado milenariamente
por las profundas huellas
de una infinita inteligencia.”
Para describir el trayecto
histórico que nos ha depositado en este lugar y momento, podemos asumir las
escuelas del pensamiento tradicional o podemos obviar la mayoría de las cátedras
históricas anteriormente útiles. Como
aprendiz no convencional de la vida, opto por la segunda alternativa. No pretendo descifrar el universo en mis
papeles, aunque ensayaré una caprichosa cronología de hechos y aspiraré a
sintetizar la esencia de ciertos acontecimientos que han permeado en nuestra
existencia.
La corroboración de hechos y
el ajuste de los mismos a métodos científicos no limitan la licencia que me
adjudico al narrar e interpretar la historia.
Después de todo, no existen dos seres humanos con idéntica perspectiva
histórica. Tampoco se puede preparar
una interpretación o narrativa seria de la historia sin herir sensibilidades,
sin incurrir en temas tabúes o sin arriesgarse a hacer el ridículo ante los
ojos de los más recios eruditos. Como
autor, trataré de burlar el miedo y desde mi humilde posibilidad, lucharé en
cada línea para liberarme de los armazones mentales que nos encierran en lo
mismo.
Mas aún, me acoge la
certidumbre de que serán mas los adeptos que los críticos para la mayoría de
los puntos que aquí expondré. Como todo
en este libro, la Avenida Ahora hacia el sur está diseñada con el pragmatismo y
la aplicación en mente. Es decir, los
eventos que aquí relato y sus interpretaciones pretenden vivir mas allá de una conversación
de tertulias intelectuales. Para esa
explicación preferiría no gastarme una letra más.
El contexto en que presento
este viaje hacia el sur de nuestra historia cuenta sin embargo con cierta
textura o fundamento filosófico.
Llamemos a esta complexión filosófica, el libre pensamiento. Y como el primer paso del libre pensamiento
es desatarnos de las limitaciones intelectuales que nos hacen pensar siempre de
la misma manera, desecharé igual el pre-determinismo, los dogmas, las
limitaciones científicas y el mero escepticismo.
Después de decir eso, creo
que me habré quedado casi solo. Espero
que los que incursionen conmigo en la lectura mas allá de este párrafo, tengan
la intrepidez o la estupidez de volver a cuestionarlo todo. Rene de Descartes dijo que hacer una nueva
ciudad sobre un pueblo viejo es una perdida de tiempo. Yo los invito a
derrumbar sus propias estructuras.
Derriben esos castillos, templos y caminos intelectuales para
reinterpretar históricamente nuestro universo.
Esa es mi invitación.
No les estoy sugiriendo que
compren mi limitada intelectualidad para sustituir las ideas que ya ustedes
poseen y cómodamente utilizan. Eso
sería, no sólo inútil, sino social y psicológicamente infantil. Mi invitación, por el contrario, convoca a
que hagamos una pausa en el camino para cuestionarlo todo, inclusive estas
mismas palabras. Así y solo así haremos
espacio a los conceptos y conocimientos que espontáneamente acumulamos según
nos van llegando desde la propia naturaleza.
En su discurso, Descartes sugirió ingeniar una fresca urbe intelectual
sobre un terreno libre de prejuicios y arado de fijaciones. Nuevamente, esa es mi invitación.
Quiero anticiparles además,
que mi exposición de eventos libera dos conceptos no muy tradicionales en la
narrativa histórica. El primero es el
reconocer la concepción de los acontecimientos sobre la consumación de los
hechos. Parece confuso pero no lo es. Esto lo pudiese ejemplificar como el
reconocer que el acontecimiento de que dos amantes intiman para formar un nuevo ser, es más relevante que el propio
hecho del día en que este nuevo ser emergió del vientre de su madre. Este modo de ver la historia se enfoca mas
en los puntos precisos donde se manifiestan las coyunturas y las decisiones fundamentales
de la creación. De nuevo, suena
confuso, pero no lo es. Después lo veremos en la practica.
El segundo punto es la
prerrogativa espiritual colectiva y su intención. Para definir este asunto asumiré tres posibilidades tan debatidas
como milenarias. Sé que me costaría
demasiado el tratar de explicar o justificar tales teoremas en las limitaciones
que posee el lenguaje que puedo manejar.
También admito que hace escasamente cinco párrafos me declaré libre de estructuras ajenas al
libre pensar. Sin embargo, estas tres
piezas son asumidas como auténticas a través de mi narrativa, sin cuestionarlas
en profundidad y sin definir su origen o forma. Ustedes quedan como siempre han estado, libres de adoptarlas o no
en sus interpretaciones de este trabajo.
Estos tres ángulos no son
nuevos dogmas o viejas ambivalencias de mi propia confusión. Tampoco se deben
confundir con el interés de una secta particular o con la mitología de un
estilo de vida esotérico. Son mas bien
el aliento que le dan vida mis palabras.
Para mí, son el punto donde la historia baila acompasadamente con la
metafísica que nos define. En otras
palabras, suplen la amalgama que une el relato con su relevancia
existencial. Sinceramente creo que de
no ser por estas tres conjeturas esenciales que esgrimo en mi interpretación de
la historia, este libro no valdría ni el papel que lo porta.
El primer elemento de la
prerrogativa espiritual colectiva y su intención es la propia existencia del
espíritu. Para efectos de este capítulo
asumiré que prevalece una entidad que acostumbramos llamar espíritu dentro de
cada manifestación del universo. Por
miles de años la especie humana ha teorizado sobre tal entidad y si lo pensamos
bien, esta es nuestra mejor esperanza.
El segundo punto es la colectividad espiritual o la pertenencia de cada
espíritu a otro ente colectivo que llamaremos inteligencia infinita o
universal. Este punto también ha estado
presente en el pensamiento humano de hace siglos y su más común sobre
simplificación es la fútil personalización de Dios y sus atributos ajenos al
colectivo espiritual. En otras
palabras, la caracterización de Dios como un ente separado de la totalidad de
los espíritus participantes en la creación, nos acorrala en una mitología dual
y por tanto excluyente. En mi forma de
percibir la creación evolutiva, la existencia de cada espíritu en el universo
es inherente a todos los demás componentes del colectivo. Mi interpretación histórica no presume
excepciones a este principio.
Por ultimo y no menos
controversial es la interpretación de que acaece un natural propósito de tal
inteligencia manifestada evolutivamente.
Que más puedo decir de este concepto sino que sobre simplificamos su
significado en palabras tales como Tao, Nirvana, Voluntad Divina, el bien o el
amor. Demás está decir que todas ellas
se quedan cortas de una manera u otra.
En el contexto de mi relato, emplearé mi termino favorito de evolución
universal para sintetizar el propósito colectivo espiritual. Sin embargo, admito que mi concepto es tan
impotente como los anteriormente utilizados por espíritus que en ultima
instancia son titánicamente mas adelantados que este servidor.
Mi intención en esta parte
segunda de Calle Aquí, Esquina Ahora es exponer una bitácora de las
experiencias que hemos podido percibir en el contexto de nuestro propio
propósito evolutivo. Todo esto sin
renegar que dicha empresa cósmica es determinada por la naturaleza del
colectivo espiritual. Ustedes
preguntaran y con mucha razón, ¿Cómo será posible que el autor intente tal
atrevimiento? Y yo simplemente contesto
que escudriñar dentro de este universo es nuestro primordial propósito
existencial. Por lo tanto, cuestionar
no es un atrevimiento, sino un instinto natural. Para mí, vivir una vida sin inquirir un propósito, no solo es el
atrevimiento sino también un aplazamiento necio a la propia creación. Así que hay vamos.
Pero de errores y omisiones se puede aprender mas que del propio estudio
de las leyes del universo. En 1905,
mientras Einstein era un burócrata de tercera clase en la oficina de patentes
de Bern, en Suiza, presentó el primero de sus tres insignes papeles. La suerte de este hombre y la historia
quedaron marcadas por este documento llamado “La Teoría General de la
Relatividad”. Poco después, Albert
Einstein presentó su”Teoría Especial de la Relatividad” y su tercer trabajo
sobre “Estadística Mecánica”. Uno de
los iconos de mayor relevancia en la humanidad es su formula E=mc2 donde
la energía es definida como masa por aceleración al cuadrado derribando el
concepto de la tridimencionabilidad del cosmos. Esta formula no solo es un homenaje a la magnificencia del
universo sino también un reto a la soberbia y el conformismo humano.
A principios del siglo XX un grupo de científicos teorizaba sobre nuevas
formas de percibir la mecánica de la creación.
Estos nuevos pensadores de las posibilidades matemáticas, entre los que
se encontraban Max Plank, Werner Heisenberg, Niels Bohr y Max Born,
apuntaban hacia un nuevo orden del entendimiento de la física cuántica. Sin embargo, el fantasma de los postulados
de Sir Isaac Newton los mantenía, hasta cierto modo, amarrados al pasado. Las precisas y palpables leyes Newtonianas
de la masa, el tiempo y el movimiento se mantenían invictas y solemnemente
obligadas para cualquier propuesta científica.
La ciencia estaba detenida o como argumentaban los adeptos de la física
de Newton, todo estaba resuelto.
Mientras tanto y desde su despacho en la oficina de patentes de Bern,
Albert Einstein, un desabrido matemático judío, de calificaciones poco
impresionantes, proporcionaba la piedra que aniquilaría al Goliat de una
soberbia científica de mas de dos siglos.
A partir de ese evento, lo demás ha sido inercia hacia la
reestructuración del pensamiento científico y humano. Ya es un hecho aceptado que es mas lo que no sabemos que lo que
hemos definido. Sin embargo, Albert
Einstein nos provee desde su genialidad, la trascendencia de perseverar en la
pesquisa de la verdad y sobre todo, la esperanza de que podamos
encontrarla.
Hoy día los cambios evolutivos en la tierra y en el conocimiento humano
ocurren con una velocidad mayor a la de los tiempos previos a Einstein. Científicos relativistas como Stephen W. Hawking y Sir
Roger Penrose nos aportan con ampliaciones prácticas y
teóricas a las hipótesis cuánticas del distraído peatón de Princeton. Edward Witten,
profesor del Instituto de estudios avanzados de Princeton, ha llevado el
estudio de la mecánica cuántica a niveles de dualidad y representaciones
multidimensionales de los principios de la materia. Sir Roger Penrose también ha colaborado
extensamente con el Doctor Stuart Hameroff en el estudio del impacto de la
física cuántica en la conciencia biológica y viceversa.
Y me preguntaran ustedes, ¿Cuál es la utilidad de semejantes estudios?
Piensen por un momento en conocer las capacidades cuánticas de la mente
biológica de tal manera de que podamos ejercer control o influenciar nuestro
entorno material. Es decir ser participes
más activos y conscientes de la creación.
En el lado opuesto del espectro estamos hablando de reconocer el origen
de cada pensamiento mas allá del nivel neurológico, es decir, en otra
dimensión. Por último, mencionaré a la
Doctora Paola Zizzi y sus estudios sobre la conciencia universal emergente,
desde el mismo instante del “Big Bang”.
Estas teorías que hace algunos años hubiesen sido causa de risa entre
los círculos científicos, hoy han ganando respeto y apuntan hacia alianza
biológica con la inteligencia universal.
Eran seis de la tarde, un jueves de marzo de una semana de trabajo
cualquiera y Joseph Hazelwood, espaciaba sus horas tomando unos tragos en un
bar. A Joseph lo acompañaban media
docena de colegas de labores. Al
regresar al barco, a eso de las ocho y treinta, comenzaron los afanes para
subir a bordo y zarpar desde el terminal industrial de Alyeska con destino a
California. La primera fase de la
salida del puerto fue conducida por el servicio de remolcadores del
terminal. Después de navegar por la
estrecha bahía durante algunas dos horas, el capitán Hazelwood detectó varios
témpanos de hielo en su ruta. El
experimentado marino, obviando todo procedimiento, programó la computadora del
barco a manual y procedió a salir de la ruta establecida por el plan de
navegación.
Después de esquivar el hielo, inició otra vez las computadoras pero en
un programa de navegación automática un tanto arriesgado. Sin encomendarse a nadie, el Capitán
Hazenwood le entregó el mando a dos oficiales y se retiró a descansar del
agitado día y de los tragos que había tomado.
El oficial de segunda LeCain y su camarada de tercera Cousins quedaron a
cargo de la operación. Poco después,
LeCain abandonó el comando dejando al oficial de tercera Cousins a cargo del
tánquero de 987 pies de eslora cargado de mas de cincuenta millones de galones
de petróleo crudo. La rutina programada
por el capitán, una hora antes, ubicaba la nave fuera de la ruta permitida para
navegar en el estrecho y a una velocidad impetuosa.
Pese a maniobras de emergencia del oficial Cousins, a las doce con
cuatro minutos de la madrugada del viernes santo de 1989, el Exxon Valdez se
accidentó contra el arrecife Bligh en
el sur de Alaska. Dado las innumerable
violaciones de seguridad incurridas por el mando del navío, la compañía Exxon
fue responsabilizada por el derramamiento de mas de diez millones de galones de
petróleo crudo en uno de los lugares mas vírgenes y bio-diverso del planeta. Las victimas principales de este desastre
ecológico fueron las innumerables especies de plantas y animales que perecieron
ante el inclemente aceite negro. Ningún
ser humano perdió la vida en dicho evento.
Según la mayoría de las
teorías científicas, los primeros seres vivos en la tierra aparecieron en la
forma de bacterias. Estos primitivos
seres carecían de DNA y se alimentaban fermentando los minerales del
planeta. Durante dos billones de años,
esta nauseabunda espuma bacterial cubrió la tierra con el benevolente resultado
de la emisión del oxigeno y una gran parte de la energía que hoy
disfrutamos. Al día de hoy no hay
evidencia concluyente de que este proceso se haya repetido en algún otro
planeta aunque la posibilidad de que sea un evento común en el cosmos es muy
alto. Los teóricos cuánticos afirman
que parte del propósito de este universo recreativo es la manifestación de vida
en sí.
Si una cosa ha sido
inalcanzable por los intelectuales de la bioquímica, es el repetir la asombrosa
formula. Ellos conocen los componentes
y las condiciones necesarias para reproducir la mayoría de las moléculas
biológicas bajo condiciones controladas.
Sin embargo, carecen de las palabras mágicas para concebir vida desde la
inerte materia en un tubo de ensayo.
Este enigma ha perseguido a la comunidad científica como el viejo
fantasma de la paleo-biología. De
nuevo, los teóricos cuánticos afirman una respuesta disonante a los esfuerzos
que se han trabajado al momento. De
acuerdo con estos últimos, la intención de la vida proviene del infinito reino
subatómico y no del tosco feudo molecular.
Yo me inclino por apoyar esta esperanzadora proposición donde cabe
inclusive nuestro propio ser como mentores de la divina receta.
No hacen falta palabras para
acentuar el valor de este elemento indispensable de la vida en cualquier
persona. Tan solo basta con cortarnos
el suministro de oxigeno por un par de minutos para que nuestra experiencia
viviente nos desfile por la conciencia y con todo lujo de detalles. Sin embargo, el ser humano es el único ente
viviente que trivializa la vida de las otras especies, por no decir la de la
propia. Todas las demás especies son
capaces consumir vidas ajenas pero con una gran diferencia sobre la contraparte
humana. Ellos se acatan a la ley natural
del intercambio de energía, donde se minimiza el derroche, se evita el abuso o
acaparamiento de recursos y donde existe un balance o ciclo vital. Yo dejo la interpretación de esta
aseveración del intercambio de energía a cargo de quien me lee en este momento
y en la confianza de su verdad tangible.
Cada ente viviente es de por
sí, es una pieza en este juego de la existencia en cada instante en la historia
natural. Tratar de extraerse de tal sabiduría
es un ejercicio fútil y por definición antinatural. Reclamar sentido opuesto a tal concepto, es retraerse de la
especie humana y de su propia empresa espiritual. Es por eso que en cada instancia viviente coexiste un homenaje a
la vida misma. Por tanto, la vida
ajena, sin ponderar criatura alguna, es esencia de nuestra propia esencia,
esperando ser percibida y revivida. En
este planeta, todo ser vivo encarna algo mas que un conteo de proteínas, un
verde panorama o un recurso prescindible.
Ciertas culturas asiáticas y mesoamericanas poseen una clara percepción
de este concepto y veneran la vida de cada ser viviente como a la propia vida
humana. En otras palabras, reconocen la
ley universal del intercambio de
energía y su ciclo natural. Desgraciadamente,
no podemos decir lo mismo de la desnaturalizada cultura mercantil
occidental.
El infausto derrame del
Exxon Valdez en el estrecho del Prince William se extendió por mas de dos mil
quinientas millas de costas, arrecifes y estuarios al sur de Alaska. Es prácticamente imposible calcular la
cantidad de organismos que se vieron afectados por este error humano. Se estima que cincuenta por ciento del
petróleo derramado quedó esparcido en el medioambiente después de años de
gestiones de limpieza. El petróleo
crudo es una mezcla orgánica de hidrocarburos, es decir, un cóctel aceitoso de
carbono e hidrógeno producto de los propios seres vivientes. El petróleo se considera un recurso no
regenerable debido a que el natural proceso de su creación tarda cientos de
millones de años. Para el ser humano y
con cierto sentido, es un procedimiento demasiado largo para su concepción.
Sin embargo, la naturaleza
se manifiesta empleando el tiempo de una manera más universal y menos
dependiente del calendario. La vida, su
obra maestra, es producto de su magnificente paciencia en la generación,
conversión e intercambio de energía.
Gran parte del conflicto de la especie humana con su entorno natural se
delimita en la incapacidad del homo sapiens para coexistir armonioso con el
propio proceso evolutivo.
La compañía Exxon fue
multada por cientos de millones de dólares y cooperó ampliamente en el proceso
de limpieza del habitad afectado. El
Capitán Joseph Hazelwood fue hallado inocente de navegar en estado de embriaguez. Sin embargo fue multado en cincuenta mil
dólares y sentenciado a mil horas de trabajo comunitario debido a su penosa
negligencia. El proceso de limpieza y
restauración ha contado con mas de diez mil trabajadores y ha costado mas de
dos billones de dólares. Nunca se ha
podido determinar el saldo exacto en perdidas de vida de las especies marinas,
las aves acuáticas y los mamíferos marinos.
Gracias al gran esfuerzo de las partes envueltas, una gran porción de
las costas y estuarios del sur de Alaska han sido restaurados a condiciones
satisfactorias.
La naturaleza misma ha
puesto de su parte en este proceso de limpieza y absorción de la ineptitud del
hombre. La disolución de decenas de
millones de galones de petróleo en las aguas salinas y la cooperación de
bacterias capaces de digerir parte del derrame, han sido factores de auxilio en
el proceso. Yo pienso que la
inteligencia natural conoce algo que nosotros raramente tomamos en cuenta y que
urge reconocer. Quizás dentro de su
paciencia evolutiva, el genio natural parece operar un mecanismo para su
supervivencia mas allá de las especies que derrochan el mayor de sus regalos,
la vida misma.
Ácido desoxirribonucleico (DNA)
La blanca
escarcha se acumulaba en la ventana que miraba a la borda de estribor. El vapor “Estambul Mágico” casi
terminaba su travesía de varias semanas aquel febrero de 1913. Los olores de docenas de maltrechos seres
humanos se entremezclaban con el calor que irradiaba de un radiador en medio
del salón mezanine numero tres. El
inmigrante turco-judío Elías Pashat abraza a su joven esposa esperanzado de que
esta fuese la última de sus hirientes travesías. Lo acoge la esperanza de que sus dotes de orfebre le materialicen
una vida nueva en la tierra nueva. De
repente, varios gritos hacen levantar a todos y corren a cubierta sin pensar en
la helada tortura de la brisa, “¡AMERICA!, ¡AMERICA!, ¡AMERICA!”.
Antes que
terminara la celebración y los abrazos, una inspiradora dama los recibía
antorcha en mano, esperanza en pecho, en el epicentro del Río Hudson. Elías y su esposa Marsha desembarcan en la
Isla Ellis junto a cientos de coloridos seres que no ocultan su amalgama de sentimientos
e incertidumbres. Varias filas
burocráticas, una sopa tibia aguada y un examen médico exploratorio típico de
la época lo inauguran en la racionalidad norteamericana. El trámite final para entrar en el nuevo
mundo es un largo ejercicio verbal coordinado por dos oficiales de la administración
de inmigración.
Después
de incontables dificultades para manifestar respuestas desde su natural ladino,
su buen turco y su limitado francés, Elías contesta las interrogantes que se le
presentan. Su condición étnica de
Serfardí y su piel aceitunada no lo amparan para fijar una impresión favorable
entre sus evaluadores. Los resultados
no se hacen esperar y para sorpresa de Elías, su ingreso a Estados Unidos ha
sido objetado. La razón presentada para
la negación de su solicitud de ingreso es el desenlace de la prueba de cociente
intelectual tipo Binet que se le administró.
Este indolente instrumento ha determinado que el inmigrante Elias Pashat
posee una “mente blandengue” y por tanto su entrada al país norteño es
detrimental a la calidad del eugenismo norteamericano.
Los
organismos vivos utilizan miles de proteínas para distintas funciones
biológicas. La mayoría de estas son
preparadas por el mismo cuerpo siguiendo recetas rígidas que marcan la
estructura de cada molécula. Los ácidos
nucleicos son una de estas proteínas moleculares compuestas de secuencias
especificas de fosfatos y azucares. Lo
excepcional de estas moléculas es que se combinan en secuencias que determinan
las cualidades naturales en todos los organismos vivos que las portan. Excepto en el caso de los virus, los seres
vivos utilizan el DNA o ácido desoxirribonucleico para determinar la
combinación genética que se manifiesta en cada característica hereditaria.
Cuando el
oficial de inmigración de la Isla Ellis descalificó a Elías Pashat como apto
para entrarse al país, este practicaba una política destinada discriminar sobre
cierto tipo de inmigrantes. Según los
parámetros recomendados por la Fundación del Mejoramiento de la Raza, dirigida
por el Doctor John H. Kellogg de Michigan, ningún inmigrante, en edad de
procrear, que no pasara la supuesta prueba de inteligencia, podría entrar a los
Estados Unidos. Esta prueba, así como
la barrera idiomática que la invalidaba, acentuaba la esencia xenofóbica de
ciertos grupos de influencia que han merodeado por la historia de la
humanidad.
El
eugenismo o la preferencia hereditaria se practica en la intencionalmente desde
los tiempos de los griegos. Esta
nefasta actividad de evitar el natural mestizaje de los distintos componentes
raciales ha servido para diferentes propósitos. Todavía no puedo concurrir con uno bueno. En la antigüedad se trabajaba con intención
de incrementar ciertas cualidades para grupos específicos como los esclavos y
los guerreros. Después de abolir la esclavitud,
en Estados Unidos se implementaron leyes para prohibir casamientos
interraciales, para esterilizar grupos étnicos particulares y para establecer
cuotas raciales a la inmigración europea.
Grupos de
apoyo a estas practicas y laboratorios especializados cooperaron con el
gobierno nazi de Alemania para el diseño de su funesta política de pureza
racial. Para el año 1940, cerca de
medio millón de personas habían sido esterilizadas involuntariamente en América
y Alemania para evitar la propagación de su herencia genética. Poco después, el gobierno Alemán extendió su
limpieza étnica sustituyendo la esterilización por la eutanasia y otras
practicas que ya todos conocemos.
Todavía hoy existen grupos en los Estados Unidos que abogan por la
sistemática pureza racial y otros mitos del eugenismo.
Por
suerte, cuando Charles Darwin mencionaba la supervivencia del más competente,
circunscribía también al mas desarrollado emocional y espiritualmente. Estudios psicológicos y sociales han
demostrado mas allá de dudas que el éxito de una persona o un grupo particular
de personas no radica en su composición genética. La capacidad y aptitud de
los casi seis billones de seres humanos que pueblan el planeta ni siquiera se
puede medir por los niveles intelectuales o de inteligencia. La mayoría de los científicos del
comportamiento concuerdan en que el éxito de las personas radica básicamente en
una serie habilidades emocionales e intangibles.
Primeramente
puedo mencionar, la capacidad de definir objetivos o metas a corto y largo
plazo. Segundo y no menos importante,
la fuerza de voluntad necesaria para posponer gratificación inmediata en pos
del bien mayor. Y para no alargar esta
lista mencionaré, la facultad empática o el poder percibir y cultivar las
emociones de otras personas. Estas de
destrezas y otras mas, en la misma categoría, aunque son influenciadas por el
factor hereditario, se potencian debido a la crianza y la educación desde
temprana edad.
Hoy día,
la ciencia de los estudios genéticos ha abandonado casi por completo las
prácticas racistas de sus orígenes y revoluciona rápidamente a la medicina y a
la producción alimenticia. Desde el
descubrimiento de la estructura molecular del DNA por el médico británico
Francis Crick en 1953, enormes progresos se han alcanzado en los aspectos
científicos y humanitarios de la ingeniería genética. Funciones como la reducción en la propensidad al cáncer y otras
enfermedades, la clonación de especies ya extintas y el mejoramiento de la producción alimenticia nos brindan una
idea de lo que pudiesen ser los tiempos que nos esperan.
Al
aparecer en la tierra los primeros seres equipados con la molécula del DNA hace
billón y medio de años, dos eventos ocurren cruciales en la evolución. El primero de estos eventos es el
establecimiento del mecanismo predilecto de la naturaleza para fomentar la
transmisión del material hereditario.
Este mecanismo a su vez es la base para el desarrollo de nuevas especies
mediante los eventos darwinianos que ya conocemos. El segundo evento es un tanto más profundo. Debido a que la molécula de DNA es protegida
dentro de un núcleo asociado en una cooperativa biológica con el resto de la
misma célula, se considera que están salvaguardando las futuras generaciones de
los eventos inmediatos.
Así es la
naturaleza, sabia en su propósito, paciente como los siglos y con ribetes de
empatía hasta en sus decisiones más primitivas. Esas son las mismas cualidades que los científicos sociales nos
recomiendan fomentar en nuestros propios hijos para el bienestar y la
supervivencia de las especies que quedan o de las que están por llegar. Me consta de que de que Elías entró a los
Estados Unidos ese mismo año junto a su esposa sobreponiéndose a las trabas
burocráticas racistas. Dado a su
perseverancia, su visión y su tradición familiar, Elias Pashat fue un próspero
comerciante del área oeste de Manhattan.
Sus dos hijas nacieron y se criaron en América. Luego procrearon nuevas familias con esposos
de ascendencia norteamericanos.
Después de todo, la naturaleza no cree en la puresa racial, sino en el
constante mestizaje que evoluciona y multiplica. Su formula se manifiesta en su propia receta del DNA. Uno de azúcar, uno de fosfato, uno de
azúcar, uno de fosfato, uno de azúcar y así hasta infinito.
Los organismos multicelulares
En el cumpleaños número
diecinueve de Asachi Mitoki no hubo regalos o fiestas y ni siquiera una llamada
amistosa irrumpió el balbuceo de la televisión. Asashi ocupa un una habitación del apartamento de sus padres en
la ciudad de Osaka, trescientas millas al oeste Tokio. La última vez que este joven compartió con
sus congéneres fue hace veinte meses en la salida de su antigua escuela. Por razones que no vienen al caso, Asashi
Mitoki se ha convertido en un apartado o hikikomori como se le
conoce en Japón. Este varón, al igual
que cerca de un millón de jóvenes japoneses, se ha retirado de la sociedad a su
habitación donde vegeta horas, días y meses.
Durante la mayor parte del día se dedica a dormir y de noche destina
largas horas al televisor y a navegar en el Internet. De su habitación sale solo a la cocina y al baño un par de veces
por noche.
La juventud que incurre en hikikomori
presenta un cuadro de disociación voluntaria de las demandas de la colectividad
social. Muchos de ellos se las pasan
meses sin participar en conversaciones con sus padres o cualquier otra
persona. Asashi comenzó gradualmente
con su encierro desde que fue rechazado por la universidad de Osaka para
estudiar Ingeniería de Sistemas. Sus
padres alegaron por algunas semanas que su comportamiento se debía a que estaba
diseñando programas de computadoras en su solitaria habitación. Después de año y medio de aislamiento, la
madre de Asashi ha pedido ayuda a un grupo de apoyo para familias victimas de hikikomori.
Después de varios billones
de años de la existencia de la vida en la tierra, la naturaleza diseñó el
concepto cooperativista celular. Los
primeros organismos multicelulares aparecieron en la tierra hace cerca de
seiscientos millones de años. En este
método o sociedad orgánica, las tareas se reparten y surge como producto la
especialización celular. Las esponjas
fueron los primeros organismos que adaptaron este mecanismo y por cierto, con
mucho éxito. Muestra de eso es, que a
pesar de varias extinciones en masas ocurridas en la tierra, todavía las
esponjas son una parte significativa de la fauna marina. Las esponjas que hoy conocemos, dividen sus
células en cerca de once categorías funcionales que sé supeditan al bien común
del organismo. Este innovador modelo
contrasta con el animal unicelular que a pesar de su autonomía evolutiva,
sobrevive de forma solitaria y expuesto a una competencia inclemente.
Como evidencia de tal
avance, los organismos unicelulares terminaron siendo el alimento predilecto de
las propias esponjas. Para esta misión,
las esponjas asignaron a ciertas células la tarea de mover el agua utilizando
filamentos mientras otro tipo de células atrapa los organismos que se filtran
por sus porosidades. Se dice que la
especialización es una forma de saber más y más de menos y menos. Esta formula de la especialidad es más eficiente
por que releva de innumerables responsabilidades a cada componente de la comunidad
celular. Sin embargo el elemento que me
llama mas la atención de este sistema multicelular es la propia gestión
cooperativista.
No sabemos como esta empresa
de la alianza permanente aprendió a existir dispuesta a sacrificar la propia
identidad por el bien común. Tampoco
puedo garantizar que este fue el designio de la propia evolución al diseñar tal
formula. De todas maneras manifiesta un
paso en la dirección correcta. Las
coaliciones especializadas han sido desde entonces la interrelación más representada
en la naturaleza viva. El término clave
aquí es el de “sistema interdependiente”.
Dentro de cada ente orgánico multicelular se puede observar la intención
de la naturaleza en este sentido.
Cuando los organismos multicelulares integraron sus partes, ejercieron a
su vez, una interdependencia de servicios y beneficios como mecanismo de
supervivencia. Cada célula que compone
un organismo de este tipo, se reconoce a sí misma como parte y somete una
porción de su esfuerzo al provecho de los otros participantes.
Un esquema análogo es la
relación entre reinos, géneros y especies dentro del propio orden natural. El reino vegetal y el animal, por ejemplo,
intercambian gases, nutrientes y otros favores necesarios para sobrevivir. Cada ecosistema es por definición un ciclo
de sustento donde la exterminación abrupta de uno de sus componentes puede
resultar en una catástrofe para el resto del colectivo. Este riesgo es un precio pequeño si lo comparamos
con los beneficios que la evolución obtiene de sus múltiples relaciones. Según el budismo y otras culturas
espirituales, el universo en sí es una interdependencia de almas que se
benefician mutuamente del intercambio creativo de experiencias. Es difícil negar que esta definición cosmológica
está influenciada por observaciones de la naturaleza misma.
Una de las relaciones más
avanzadas entre los seres vivos que hoy conocemos es la propia estructura
social o civilización humana. Durante
apenas cinco milenios, los seres humanos se han propuesto trabajar las
interconexiones de sus complejos intereses y visiones con el propósito de
sobrevivir y progresar. Tratar de
definir cuan efectivamente la humanidad ha desempeñado su evolución colectiva
es un juicio muy complejo para abundar en este momento. Sin embargo, el enlace entre todos los
componentes de la humanidad es un hecho irreversible en el mundo de hoy y yo
espero que en el universo del mañana también.
Tanto es así que se me hace difícil concebir la supervivencia humana si
nuestra especie no se adapta mejor a la coexistencia con ella misma y con sus
especies coterráneas.
Ya no hay
vuelta atrás con esta premisa. Ni
siquiera para Asachi Mitoki en su pequeño mundo de cuatro paredes
y dos ventanas electrónicas. Cada vez
es mas obvio que la opción ermitaña no tiene cabida en el espíritu colectivo
que entrelaza a humano con humano, a humanos con la tierra y a humanidad con el
universo. Las mismas estructuras
monásticas de los próximos siglos prometen entrelazar sus destinos con los demás
participantes del sistema interdependiente humano. Un ejemplo de esto es la proliferación misiones urbanas dedicadas
a la ayuda humanitaria en contraparte con el ocaso de los antiguos monasterios
consagrados a la mera contemplación.
Se pueden contar en Asia Central, mas de mil ochocientas casas de
caridad fundadas por la Madre Teresa de Calcuta. Definitivamente se requiere una conciencia profunda de la
interdependencia universal para dedicar una vida a tal tarea. En una de sus más inspiradoras frases, esta
santa mujer nos obsequia; “Construyamos juntos una gran cadena de amor
alrededor del mundo”.