Pergamino

** Nota al calce de un diploma
Frecuentemente arribé tarde y que importa si espera paciente la
misma estampa. Desde lejos yergue la
torre que al tiempo grita una suerte de caminos desde y hacia nosotros
mismos. Su pórtico filtra los
destilados sudores y los por dioses de la inédita historia del profano campo
santo de ideas e ideales. En la entrada
lee el viejo grafito aviso; “Los Yankies quieren fuego”. Se rumora
que Monón lo trazó una tarde de aquellas de jodias correderas y
testosterona uniformada. Poco le
importa al que va pa’ naturales y el que viene de generales la conciencia no se
le agita. La misi pues no dice ni un
carajo porqué en la pizarra lee un “no pregunten que no hay comentarios”.
Y aunque la Fupi huela a peligro, lejos
está del ámbito del Payton y sus licuadas horas. Sabroso calvario de morosas tardes en las arrebatadas ganas de
encontrarnos en el delirio de la inocente malicia. El tiempo se desborda entre las hazañas de los naipes y el sabor
de un humo de buena tinta. Un
derramamiento de sueños se vierte sobre un silencio de dos vidas destinadas a
perseguirnos por el río seco de aquel pueblo universitario. Una de las sendas
aspira a la licencia requerida para voltear el rostro y al competido monograma
monetario que inclemente nos tuerce el pecho.
Perpetua sumisión al tripeo de la exclusiva jodienda de Hato Rey o ruego
de suertes que postula batatas de no se que
agencia del descojón gubernamental.
Pero otra bandera flota entre los
tropicales ecos de un linaje de galerías, tertulias y café, evitando sucumbir
al empeño de quien paga la cuenta y retando los pronósticos fatídicos de
quienes no entienden el oráculo del discernimiento y la conciencia. Que mas se puede pedir que esgrimir la
evidencia y partirle las entrañas al miedo.
Y me niego a omitir que en una esquina ardiente de este mesón de
experiencias encontré mi alhaja de suplicios y deleites con sabor a mujer. La bauticé con la púber sabia que explota en
las venas para resucitar macizo en el velorio de mi propia soledad. Y así pudiese seguir abundando esta nota mas
allá del calce, pero me limita el espacio que provee este viejo pergamino de
nostalgias de la UNIVERSITATIS PORTORICENSIS.