Cuando un puertorriqueño no vota

 

En la década de los sesenta, los afro-americanos del sur de los Estados Unidos persistieron en ejercitar el derecho al voto.  Una de las contradicciones de este proceso fue la apatía y a veces hasta el antagonismo que presentaron algunos de los mismos afro-americanos, para alcanzar tal derecho.  Para suerte de aquel movimiento tan noble, los líderes de aquella época anticiparon tal reacción e implementaron una masiva campaña de educación acerca de la trascendencia del voto.  Sus luchas no han sido fáciles y todavía en las elecciones del 2000 se reportaron violaciones crasas de estos derechos en ciertos condados del norte y centro de la Florida.

 

La comunidad puertorriqueña, por otro lado, tiene garantizado este derecho, cuenta con cantidades significativas de ciudadanos y posee una experiencia democrática de varias décadas.  Sin embargo, estos factores no han materializado una participación efectiva de la comunidad puertorriqueña en el proceso político de esta zona.  Solo basta comparar la cantidad de puertorriqueños que vive en los tres condados del sur de la Florida con la pobre representación boricua en los escaños de servicio público o políticos.  Esta situación es tal, que dificulta proyectar una imagen coherente de la comunidad puertorriqueña del sur de Florida frente a los políticos electos y otras instituciones del gobierno. 

 

La razón primordial para esta situación es que los puertorriqueños de esta área no están participando masivamente de los procesos democráticos.  Se han planteado una serie de razones para este comportamiento de inhibición masiva.  Las razones más populares son: los calendarios y horas de votación, la falta de candidatos boricuas, la ausencia de tópicos relevantes y el apego excesivo a las realidades distantes de Puerto Rico y Nueva York.  Todo eso pudiese tener algún peso pero no justifican el nivel de abstencionismo y mucho menos la gran cantidad de boricuas que se extraen absolutamente del proceso al ni siquiera inscribirse para votar.              

 

La causa principal de este proceder es la indiferencia cívica y política que han optado algunos de nuestros hermanos en esta zona del estado.  Este comportamiento no solo conduce a la impotencia política por desuso del voto, sino que desampara a miles de boricuas responsables que anhelan una mejor representación de propios intereses.  Esta indiferencia no se puede justificar con razones de desventajas sociales, discrimen o falta de educación.  El sur Florida no es Mississippi de 1964.  Esta apatía, raya en negligencia ciudadana y debe ser combatida con un esfuerzo educativo masivo como el que actualmente se está llevando acabo por distintas organizaciones puertorriqueñas.  Es imprescindible que esta porción indiferente de la comunidad boricua del sur de Florida reflexione en las consecuencias que arrastra cuando un puertorriqueño no vota. 

 

Cuando un puertorriqueño no vota, abandona su derecho a elegir quienes determinen sobre su futuro y el futuro de sus hijos.  Cuando un puertorriqueño no vota, despilfarra su influencia para adelantar su educación, su salud, sus derechos de propiedad, sus reclamos de justicia social, su contexto jurídico, su manifestación cultural y su propia libertad.  Cuando un puertorriqueño no vota, evade su realidad, desprecia su importancia, vive a la merced de las circunstancias, actúa opuesto a los valores mas elevados de esta sociedad y se traiciona a sí mismo.  Cuando un puertorriqueño no vota, disuelve su identidad puertorriqueña y la identidad puertorriqueña de sus conciudadanos boricuas.  Cuando un puertorriqueño no vota, mancilla los sacrificios incurridos por miles de personas de origen latino, negro, asiático y nativo-americano que luchan por alcanzar la felicidad en un clima de igualdad y justicia.  Cuando un puertorriqueño no vota, actúa por ignorancia o negligencia en el bando opuesto a los que defienden la democracia participativa, el pluralismo de ideas, el buen juicio colectivo, la conciencia social y el amor propio.   Estas son las verdades que debemos y tenemos hacerle llegar a aquellos puertorriqueños que por años han evadido el deber de votar libres y democráticamente.  Y si después de conocer todo esto, un puertorriqueño decide no votar, allá este con su conciencia.