Se han desatado mis demonios

 

"Entre la estupidez y el amor

existe una pequeña brecha 

que unos ojos trovadores

advierten a simple vista..."

 

Querida Laura;

 

Se han desatado mis demonios.  Cada vez que me pierdo en una mirada o en un silencio, cada vez que me levanto y no sé dónde estoy, cada vez que la soledad me acompaña, los presiento.  Ellos me persiguen desde muy adentro.  Me hablan de ti todas las noches y raras veces me dejan dormir.  En la oficina me tientan a repetir los caminos que pensaba había olvidado una vez andados.  Cuando manejo por la carretera, la radio me los trae en cada canción junto a tu aliento y otras ardientes confesiones.  En mi casa me mortifican desde muy temprano en la mañana y no se retiran hasta que me les escondo en las venturas de un sueño.

 

Ellos me encontraron no hace mucho y desde entonces revolotean en mis deseos arriesgando todo sin enterarse de mi derecho a ser un hombre dueño de mi voluntad.  Desde hacía mas de nueve años que no me visitaban y creía haberlos encarcelado dentro de mis olvidos.  Pensé ilusamente que ya no serian mas, lo que hoy son.  Lo que fueron durante mucho tiempo en mi otra vida de hombre sin control de mis propios instintos.  Ya me habían costado tanto y tan profundo que me hice de la idea de que nunca se desatarían de nuevo y menos a costa de una repentina tormenta de sensuales deseos. 

 

Pero no te reprocho nada, sinceramente te lo agradezco.  Con tu gesto le has dado plenitud a la palabra éxtasis y has liberado la palabra pecado de sus culpas.  Solo tus lagrimas me duelen y cómplices han quedado el tiempo de la distancia.  He aprendido mucho de ti.  Hoy sé donde y cuanto duele un adiós por siempre, a media tarde y sin lagrimas a la vista.  También creo entender mejor mi temor a cruzar el tembloroso puente entre el envolverse en una pasión y el entregarse en un amor.   Pero te juro que lo que nunca podré olvidar es que la parte más tierna de ti, no es tu piel, sino tu fragilidad de mujer. 

 

Y esos traviesos seres de que te hablo, no creas que tú los liberaste, yo los he desatado sin mas motivos de que me empujen hacia el abismo de mis debilidades y mis placeres.  De regresar a mi propia confusión vestida de suspiros ajenos, excesos compartidos y experiencias amanecidas, con el único pretexto de vivir la vida aquí y ahora.  Como es nuestro deber vivirla.  No te niego que hace falta mucha magia de mujer y un gran abasto de espontánea sensualidad para desarmar al conformismo, a la rutina y al miedo de un hombre atrapado en una vida hecha.  Aunque eso tú lo has suplido y de sobra. 

 

Pero esta carta no solo contempla el perturbado propósito de ventilar contigo mis demonios, sus raíces, sus diabluras y mis noches de ti en adelante.  Te confío esto, como tu confiaste en mi cuando te dije que tocaras con tu mano mi corazón aquella noche de gigantes palpitaciones.  Por eso quiero que me leas como si me estuvieses mirando a los ojos y como si tu mano permaneciera en mi pecho, indagando los sentimientos que se visten de mis palabras.  Así volverás a sentir que en realidad yo he sido un hombre que simplemente nunca te ha mentido.

 

Quiero comenzar explicando quien en mi sustancia soy, mas allá del travieso elemento que te ha hecho el amor sobre poemas y palabras.  Quiero que me conozcas desde el principio, desde la parte humana que le he ocultado al mundo durante los últimos años.  Pero empecemos por el hoy, que a cada segundo se convierte en el ayer. Actualmente mi vida no tiene nada que envidiarle a las series televisas de hace décadas donde el éxito, el amor y el dinero están muy seguros y prometen quedarse conmigo hasta el día que yo quiera.  Sé que esto no te dice mucho a ti que no has vivido un solo día en este mundo del que te hablo.

 

Soy abogado de impuestos en Emerging Markets International, una firma de especulaciones y desarrollos industriales que me permiten el privilegio de conocer mundo y me aseguran una vida bastante cómoda.  Mi esposa, Julia, también es licenciada de la empresa, pero ella se encarga de la división de litigios corporativos.  Ella es experta en ganar peleas y arreglar apropiaciones hostiles de grandes intereses multinacionales. Yo solo escondo el dinero entre las líneas de las leyes para que el gobierno no lo pueda apropiar.  Uso las herramientas que provee el propio régimen para hacer sus recaudos lo más difícil y oscuro posible.  Mi esposa y yo tenemos lo que en tu sociedad se le conoce como privilegios burgueses.  Pasamos las vacaciones en esquiando en las nieves de un lugar llamado Colorado, Hacemos compras en Nueva York cada seis meses y contamos con valores que nos permitirán retirarnos del trabajo en varios años.  No tenemos niños y parece que nunca tendremos tiempo para ello. 

 

Yo tengo dos hijos de mi primer matrimonio y viven con su madre en otro lugar de Estados Unidos.  Pocas veces los veo aunque nunca le faltan mis llamadas. No sé cuanto ellos me han perdonado mis errores.  Ese primer matrimonio y su disolución son frutos de mi anterior vida.  La misma que parece recurrir en estos momentos de demonios que me invade.  No siempre fue así.  Muchos fueron los momentos felices que me acompañaron durante los seis años de ilusiones que viví con mi ex-esposa Mariana. Todo parecía que duraría para siempre.  El dinero no era mucho pero no hacia tanta falta porque el amor siempre sobraba.  La quise tanto y nunca lo supe.  Pero un día de esos que la vida nos pone en el camino fui a una actividad social en la cual yo no parecía caber. 

 

Allí conocí a Angie.  Esta era una mujer algo mayor que yo y muy interesante que se debatía entre el éxito de su empresa de modas y una vida al margen de los compromisos.  No sé ni como termine en su cama esa noche y la siguiente y la próxima.  Allí me serví de placeres y experiencias que mi hogar de terciopelo no proveían.  Junto con las cálidas noches de deleite junto a ella, se acompasaron providencias nuevas para mí y que sin saber cambiarían mi vida.  Me entregue a Angie, a sus días en el casino, a la bebida tenaz y muchos otros hábitos de los que se arraigan muy profundo sin avisar.  En aquellos tiempos me di a una existencia sin controles que me costo mucho superar.  Abandone mi hogar y traté de integrarme a ese lugar que nunca alcancé, su frío corazón.  Un día llegue a escribir de ella.

 

Todavía tu perfume se amarra a mi camisa

ahogando en un oscuro silencio

tu proscrito código de sentimientos

mientras por la carretera de regreso

escapo de tu cama a toda prisa.

 

Y tan sencillo que parecían

tus reparos y  tus razones

cuando desnuda me repetías…

"Que no se toquen nuestros corazones

en este viaje de una vía. "

 

Pero brasa de mi alma no sigue reglamentos

cuando tus sudores han mojado el camino

y resbalo en tus curvas y en tus besos

y si me detienen no tendré excusas

porque estoy embriagado de tus cariños

y  tu fría proclama no me asusta.

 

¿Por que me prohibes amarte?

y el corazón me tienes restringido

si sabes que no me llevo de leyes

cuando manejo por tus caprichos,

cuando viajo en tus noches ardientes.

 

Y doblaré aquí mismo aunque sea ilegal

devolviéndome hasta tu propia casa

y sin mirar a ningún lado me pasaré el alto

porque no hay Dios que pueda aguantar 

cuando loco grité en tu ventana

"Que no me importa nada, que yo te amo!"

 

Ese fue mi segundo error.  Pronto me quede sin Angie y sin el resto de mi vida.  Sin mucha ceremonia fui reemplazado por un hombre de menos requerimientos sentimentales.  Entonces trate de volver a mi esposa y mis hijos pero nunca volvimos a funcionar.  Ella definitivamente no me perdonó tanta humillación que le causé y menos con lo cambiado que yo estaba.  Por un lado traté de ser el esposo que había sido antes y por el otro lado vivía un día a la vez sin pensar en el mañana.

 

Abundaron los vicios de todos los tipos, las amanecidas con mujeres enamoradas de mi dinero y por ultimo el dolor de todos los que una vez amé.  Para darte una idea de como era yo en aquella época, ganaba dinero como para mantener varias familias en tu país y lo perdía la misma noche que lo cobraba.  El casino, las amigas de los favores caros, la cocaína y no sé cuantos disparates que se me ocurrieran en el momento. 

 

Sin abundar en mis caídas, llegué al divorcio antes de que me diera cuenta.  Lo que un día fue una hermosa armonía se convirtió en una batalla campal donde todo fue separado en dos y repartido.  Nunca llegamos a un acuerdo de consentimiento mutuo a pesar de todos los consejos que nos llegaron.  Ese fue el tiempo más difícil de mi vida sin duda.  Para que tengas una idea mejor del litigio que viví, estas líneas las conservo en la parte posterior de mi copia de la sentencia de divorcio.

 

Mutuo consentimiento

 

Hace mas de mil mentiras que arrastramos estos pesados rencores

atiborrados en resentidos portafolios de culpas e incompresiónes

Nada es alivio, todo es letargo, posposiciones, burocracia y angustia

Ha sido él mas largo calvario desde el odio de aquella muda mirada

Es casi tan angustiante como vocablo armado de ciego puñal iracundo

que desgarró la esperanza y desangró vilmente a la dignidad hasta desmembrar nuestra unión.

No quiero seguir, terminemos con esto antes de vuelva a empezar   

 

Solo nos queda repartirnos los últimos reproches

Todo lo demás está consumido, fraccionado o condenado a hacernos daño.

El dinero que hoy es menos y más maldito que nunca

El dinero fuente primaria de la discordia y trampa de ineptos

El dinero que se peleo con el amor y hasta partirle el corazón.

El dinero que nos hizo mas y peores perdedores.

El dinero, el dinero, el jodído dinero.

 

Solo nos queda repartirnos los últimos reproches

Todo lo demás está consumido, fraccionado o condenado a hacernos daño.

La familia y los amigos que espantados y entretenidos se entrelazan en nuestra maraña de intrigas y desamores

La familia y los amigos que notarizamos tuyos y míos

La familia y los amigos que intentando fugarse de este abismo de incoherencias que nos ahoga, sonríen, lloran, ruegan, hablan, sienten y  piensan; “Los niños, los pobres niños”

 

Los niños que nos repartimos en la misma forma que nos repartiremos los últimos reproches.

Los niños que un día fueron nuestros

Que un día fueron hijos y que hoy son solo otra arma con que herirnos

De ellos  te quedaste con los cumpleaños, la escuela y la Navidad

pero yo retuve el treinta por ciento de sus correderas, sus sonrisas y sus llantos.

Además el acuerdo me otorga todo un mes al año de sus niñeces  y un titulo honorario de padre.

Pero también tengo el perfecto derecho de pregonar mal de ti en todas las sesiones acordadas

Allí les reprochare tu genética a cada defecto que se me ocurra y me ocuparé de desmentir todas tus malditas historias..

Y los niños que un día fueron nuestros hijos tendrán dos casas pero nunca encontraran un hogar.

 

Este viernes estaba tu exuberante abogado en restaurante de moda

Almorzaba despreocupado con el licenciado de mi parte, que no es barato tampoco.

Discutían sobre nuestros desacuerdos, sobre los repartos,  sobre nuestras inseguridades

También sacaban cuenta de sus botes en el náutico, del golf y sus hijos en el colegio.

Todo a costa de nuestras desgracias y sus venturas.

El tuyo  le comento al mío, “mi cliente ha rechazado el consentimiento mutuo como causal”

El mío apresuro un trago de vino y dijo; “pues será un divorcio largo”

“A mi no me molesta”,   dijo el uno

“A mi tampoco” dijo el otro, que sonrió mientras cortaba un sangriento filete.

 

Después del divorcio solo un vacío quedo que llené con mas vicios e inseguridades.   Perdí mi trabajo de aquella época y el crédito.  Empeñé la vergüenza y regalé la fe en mi mismo.  Por mas de dos años continué desenfrenado y ajeno a mi propia capacidad humana.  Según se fue terminando mi dinero así fueron desapareciendo los que aseguraban ser mis amigos.  Todo quedo reducido a los viajes al bar y los trabajos de poca monta que pude mantener.  Pero una noche todo comenzó a cambiar para mi.  Como muchas otras veces salía yo del bar en condiciones no muy sobrias y tuve un aparatoso accidente de transito.  Antes que me diera cuenta convalecía en el Hospital con mis dos piernas rotas.  Allí pasé cerca de un mes y casi nadie me vino a visitar.  Ni siquiera mis hijos se enteraron de mi infortunio. 

 

Mi compañero de cuarto era un paciente de algunos cincuenta años que tenia una condición muy delicada de salud.  El ya conocía su destino próximo, sin embargo lo acompañaba una energía muy positiva.  Durante mi convalecencia platiqué mucho con él sobre la vida y sobre otras cosas menos importantes.  Yo le llegué a contar de mis desventuras y él me habló de su dicha.  Yo no entendía como un hombre tan enfermo pudiese contemplar la existencia como algo tan positivo.  Un día que estabamos hablando le pregunté si él creía que yo pudiese volver a caminar bien después de que saliera del hospital.   Me acuerdo como hoy lo que me contestó.

 

"De que te va a valer caminar o correr si tu vida no tiene un rumbo.  Búscale rumbo a tu vida y llegaras no importa como.  Aprovecha tu oportunidad y ámala para que no la vuelvas a perder."

 

Poco después de eso, su condición de salud se fue agravando hasta que llegó lo previsto por todos los pronósticos médicos.  Pero algo de él quedó vivo en mi y fue su simple consejo.  Al salir yo del hospital inicié un camino a recuperar mi propio destino.  Me establecí nuevas metas incluyendo terminar mi incompleta carrera legal.  Encarcelé mis demonios en el silencio y casi me cambié hasta el nombre.  Cuando terminé de licenciarme me mudé de ciudad a una localidad menos convulsiva en un estado del sur.  Pronto recibí ofertas para comenzar de nuevo mi vida profesional y así lo hice.  

 

Hace siete años que trabajo con esta firma en donde conocí a Julia.  Con ella llevo cinco años como una ideal pareja de abogados y conyugues.  Pero esto no es tan fácil como suena.  Si es difícil vivir con un abogado, la convivencia de dos es como un reto del tamaño de las hazañas de un faquir hindú.  Pero ella también entiende nuestra situación y ambos procuramos no ser licenciados en la casa o en la cama.  Así podemos dormir con los dos ojos cerrados sin el temor de la intención del otro.  Además pero no menos importante, la amo y ella me ama.  Aunque eso es tan difícil de probar en una corte ya que cuando de códigos legales se dice el odio y el rencor son de mayor relevancia.  Me lo dice la experiencia.  No voy a contar mas de mi actual relación porque no viene al caso.

 

Para el propósito de esta carta, estos son los hechos previos a ti.  Tú en realidad llegaste mucho antes de yo conocerte.  Quizás fue el día que uno de mis jefes me indicó que existía la posibilidad de invertir en empresas mixtas en Cuba.  Mi primera reacción fue reírme de él en su propia presencia.  El no estuvo muy a gusto con mi burla y me indicó que yo seria el coordinador de la oscura iniciativa en la Isla.  Después de argumentar durante casi medio día al respecto, me di cuenta que aquello iba muy en serio y que mejor me hubiese callado para evitar tal tarea. 

 

Poco sucedió antes que se me indicara que un viaje seria coordinado para visitar la isla muy a pesar de los obstáculos legales que me correspondía evadir.  Condiciones especiales se me indicaron para garantizar la agenda de la empresa.  Primero, nadie fuera del círculo cooperativo podía saber acerca de mi visita a la isla.  Segundo, no estaba yo autorizado a cerrar compromiso alguno con las fuentes y contactos del sistema gubernamental o comercial cubano.  Por último, mi misión se debía circunscribir a las gestiones de trabajo y que por ninguna razón podía yo interactuar con personas ajenas a dicho propósito en Cuba.  Se me indicó también, que debía desconfiar de todos y que me mantuviese alejado de personas que aparentaran ser especialmente amistosos.  Todo parecía un tanto paranoico pero muy explícito en aquel momento. 

 

Antes de poder evitarlo ya estaba yo en La Habana hablando con un oficial de segunda acerca de las reglas de inversiones mixtas y sobre las puertas alternas para el capital americano en la economía cubana.  Se me invitó varias veces a actividades artísticas y deportivas a las que rehuse cortésmente.  Mi primera noche la pasé en el hotel escuchando la radio y tomando notas sobre las reuniones del día.  Nada interesante o que no se pudiese prever desde mi oficina.  El segundo día me llevaron a una fabrica de vinos a las afuera de la ciudad.  Allí por insistencia de los anfitriones probé de varios vinos que me calentaron la sangre rápidamente.  Eran un tanto dulces para mi gusto pero mi paladar se ajustó  sin mucho problema.

 

Así pasó que al llegar al hotel con media docenas de tragos de mas y una desenfrenada  sed de seguir la noche, me temblaba el alma.  La radio no me pudo detener en mi cuarto y sin mucha insistencia de mi conciencia bajé al bar del propio hotel.  Tomé un asiento en la barra y pedí otra copa de aquel dulce brebaje.   Allí fue donde por primera vez té vi a ti y a tu piel mulata.  No podía entender como tanto sabor pudiese caber en una cintura tan ceñida.  Mis ojos se tatuaron en tus movimientos cada vez que preparabas o servias un trago.  Tu escasa sonrisa era el deleite de los comensales del otro extremo de la barra y me fije que no quedaban sillas en tu perímetro de servicio.   Me quede mirando en una ocasión como uno de los huéspedes te hizo un comentario imprudente y tu le contestaste con una mirada de no me jodas.  Quizás fue por eso que lo hice.

 

Yo no te lo he dicho pero le di un billete de diez dólares a tu colega "bar tender" para que te asignara a ni extremo de la barra.  Me acuerdo que tu objetaste un poco pero accediste.  No quería causarte problemas, pero a su vez te alivié del insistente turista que te quería tocar tus manos cada vez que te le acercabas.  Al acercarte a mi extremo del bar me percaté por primera vez que tus hermosos ojos chispeaban cuando sonríes.   Esa es una las cosas que delatan tu sinceridad cada vez que te alegras.   Sin embargo, lo que más me sorprendió de ti fue que cuando te me acercaste y yo te recité aquella estrofa del oscuro poema de no me acuerdo quien;

 

Arte milenario de las flores

que has perfeccionado sin pensarlo

cuando me aprietas desde lejos

en tu silueta de mujer caminando.

 

No pudiste resistir la tentación de humillarme.  Me la recitaste completa y con tu fluido acento habanero los versos se escuchaban como nunca antes lo había disfrutado. 

 

Arte milenario de las flores

que has perfeccionado sin pensarlo

cuando me aprietas desde lejos

en tu silueta de mujer caminando.

 

Y a mas te acercas, mas me seduces

entre lo sensual de tus huellas

y el rastro fragante de tu perfume

que con una sonrisa me entregas.

 

No hacen falta mediar saludos

ya las miradas se han encargado

de decirlo todo y un poco mas

y mi pecho dice que es demasiado.

 

Nunca la timidez ha sido tu virtud

cuando me amarras en un abrazo

sembrando del día un primer beso

que para muchos daría abasto.

 

Y te entregas pegada a mi pecho

para sentir que no somos fantasmas

sino simplemente ardientes amantes

a medio camino calentando el alba.

 

Hola!

 

Después de tu exposición solo me quedaba decir; "Hola", pero no podía cerrar mi boca del bendito asombro.   Entonces te diste vuelta hasta otro cliente que te pedía una cerveza y yo quede casi loco de la pasmada que por poco te pido que me sirvieras otra poesía.   Ahí fue donde te pedí otro vino sin terminar mi copa aun, como pretexto para preguntar de donde habías aprendido esa lejana poesía.  De primera intención no te creí que fueses maestra de literatura.   Pero cuando me explicaste de los salarios del magisterio de la isla entonces entendí tu condición de educadora sirviendo tragos en un hotel. 

 

Me encantó tanto que conocieras a Borges y a Neruda que despertaste mi curiosidad por tu persona y tus demás secretos de mujer.  No me acuerdo si fue antes o después que me preguntaras mi nombre que te confesé sobre mi afición por escribir tonterías y versos.  Cuando me regresé a mi cuarto embriagado por el vino y por la imagen apetente de tu cuerpo, percibí que no te había preguntado tu nombre.  Pero no creas que me olvide de las ingeniosas respuestas salpicadas de sonrisas que devolviste a cada una de mis indiscretas preguntas.  No me importaba que el techo de mi habitación siguiera dando vueltas, solo pensaba en ti y en tu mundo que yo aun no conocía.  También te imagine desnuda, pero ahora sé que mi imaginación se quedo corta por mucho. 

 

Al otro día desperté con un tremendo zumbido en mi cabeza, pero con la ilusión de una mañana de Navidad.  Después de un robusto desayuno fui a visitar a unos empresarios españoles que me habían citado.  Allí atendí mis asuntos durante toda la mañana y parte de la tarde.  Ellos me llevaron a comer a un restaurante cerca de mi hotel y continuamos en nuestros asuntos hasta que el destino me jugó otra de sus suertes.  Desde mi mesa te vi pasar muy rápido por la acera de al frente hasta que te detuviste junto a una docena de personas en la parada de la guagua.

 

Desde mi silla en el restaurante yo te miraba a plena luz del día y me convencí de mi primera impresión acerca de tu cintura.  Es bella, delicada y peligrosa.  Te seguí observando mientras tu te encargabas de tu espera.  Ya yo no atendía a los amigos españoles y ellos se estaban dando cuenta de que parte de mí estaba al otro lado de la calle.  De pronto llegó aquel monstruoso armatoste que provee la transportación urbana en tu ciudad y te vi subir a aquello junto a media docena de cubanos de todo tipo.  

 

Creo que fue entonces fue que empecé a ceder al primero de mis demonios.  Casi sin despedirme de mis anfitriones me levanté de la silla y salí apresurado del establecimiento.   Ya el transporte había comenzado su marcha cuando me le atravesé al frente, cosa que no le cayó simpático al chofer.  Monté al transporte como cualquier hijo de vecino y traté de localizarte entre tanta gente apretada.  Caminé unos pasos mas y te vi allí de pie con tu mirada perdida en la ventana que daba a la calle.  Estuve parado a tu lado sin que te percataras por lo menos una milla a ver si te bajabas en alguna área cercana.  Pero no pude resistir la tentación de devolverte la sorpresa de la noche anterior y recurrí al mismo verso que nos había presentado la noche anterior.

 

Arte milenario de las flores

que has perfeccionado sin pensarlo

cuando me aprietas desde lejos

en tu silueta de mujer caminando.

 

Yo pagaría para que vieses la cara que pusiste cuando me miraste y me preguntaste que hacia yo allí.  Pero más oportuna fue tu sonrisa al yo indicarte que andaba buscando a quien custodiaba el resto de aquella poesía.  Gracias a Dios que nos bajamos de la guagua después de que yo te invitara tres ocasiones a un café.  Creo que ya los otros pasajeros estaban muy curiosos de mi insistencia y tu tímida negativa.  Gracias a Dios también porque no creo que yo haya disfrutado tanto un café en mi vida.  Especialmente cuando pasamos aquellos cruciales minutos de miradas sugestivas y juegos de palabras que quieren dejar saberlo todo sin decir nada en concreto. 

 

Fíjate que el atardecer estuvo también cómplice de nosotros que cuando me acompañaste caminando hasta el hotel comenzó aquella lluvia repentina.  Lluvia cómplice también por no permitir tu partida.  Y hablando de cómplices, tu pudiste subir a mi habitación gracias a que le di una propina de veinte dólares al tipo grande que vela la entrada del edificio.   Yo sabía de la rigidez de las reglas para los locales pero nunca pensé que se resolviera tan fácilmente y sin que tu te dieras cuenta.

 

Sabes estabas muy tímida al principio. Casi ni me hablabas y evadías mi mirada.  Fue por eso que tome tu mano y la puse sobre mi pecho.  Sé que el latir mi corazón casi agitaba mi camisa mientras explorabas mi pecho.  Al menos te diste cuenta de que tu no eras la única persona temblando de pasión aquella noche. 

 

Me gusta como besas, no eres tímida para eso.  Tampoco eres tímida para los caminos que tus manos optan.  Quien diría que tu delicado cuerpo de bronce estuviese tonificado de tal forma que pareciera ser creado para las caricias.  Yo tampoco imaginé que me hicieras sentir tan acertado en tu cuerpo en la oscuridad y el silencio de tus besos haciéndome olvidar inclusive de que y quien soy.   O quizás era. 

 

Aquella fue la primera y más corta de nuestras despedidas que en total no recuerdo cuantas fueron.  Antes que yo me diese cuenta ya te habías puesto la ropa y me decía adiós sí mas ni mas.  Si no es que té sujeto por el brazo antes que salieras por la puerta, nunca hubiese sabido de tus inquietudes de aquella noche de tantos deseos y tan pocas palabras.  Sabes que no te mentí cuando me preguntaste si yo era casado.  Tampoco te disfracé la realidad de que yo solo era un turista empresario que pasaba por tu vida como una tormenta de pasión que no vuelve a acontecer por tu vida una vez marchado. 

 

Nunca entendí lo ultimo que me dijiste al salir por la puerta, pero no fue necesario, tu mirada me lo dijo todo.  No se si entenderás esto, pero tu huida volvió a liberar otro de mis pequeños demonios.  Para mi, aquello no podía quedarse así.  Estaba mas inquieto y deseoso que nunca de continuar aquella Aventura con A mayúscula  que se quería desvanecer antes de que cimentara.   Además, yo sabía ya que me habías dicho un nombre falso.  Si algo no sabes hacer bien es mentir.   Acuérdate soy abogado y de mentiras yo vivo.  Quizás es por eso que valoro tanto el poder y la gracia de la verdad. 

 

Tan pronto te marchaste, sentí mi mente viajar a lugares donde las posibilidades eran infinitas y las ansias se hacían cargo de los caminos.  No se si me entiendes, pero mis manos todavía palpaban tus caderas y seguía yo mordiéndote los labios al compás de la soledad que dejaste al cerrar la puerta.  Inclusive te hablé en silencio de tonterías que no quise expresarte cuando nos estabamos encargando del placer.  Hasta me reía yo de todas las inútiles advertencias que se me hicieron en la compañía sobre la interacción con los cubanos de la isla.

 

Mas tarde esa noche y sobrio de licor pero embriagado de deseo te esperé en la barra para volver a verte ejerciendo tus tareas de hotel.  Estabas esquiva pero indefensa y atada a tus responsabilidades.  Traté de no abordarte con palabras.  Después de todo tu todavía seguías atendiendo a tus comensales que llegaron primero que yo.  Mientras te miraba floté en mi pensamiento y escribí en la  servilleta del trago que me serviste algo que nunca te enseñé.   Espero te guste.

 

Alaba'o Amor, sirve otro trago

mezcla lento con tus dedos

una onza de tu inocente maldad

y llena el resto del mismo vaso

con la estupidez que me embriaga

cuando me cantas labio a labio

las tibias canciones de tu aliento

que me mienten y me matan.

 

Alaba'o Cariño, seca mi sudor

que se mezclado con el tuyo

bañándome en lo prohibido

de un deseo que no se atreve

a cerrar los ojos un segundo

por no perder siquiera un beso

derramado, olvidado o perdido

en una noche cada vez más breve.

 

Alaba'o Ternura, dime adiós

acompáñame de manos a la puerta

empaca un abrazo para llevar

junto a tu mirada y a tu risa

que como piezas de recuerdo

atados a estos necios momentos

que sin preguntas ni despechos

saben que a ti no habrá regreso.

 

Terminando la ultima línea me la llevé al bolsillo de mi camisa y te pedí otra servilleta por si me visitaban otras musas.  Tratabas de ignorarme pero sabes que mi insistencia mana de mis anhelos y no de la prudencia o del que dirán.  Cuando por fin te  acercaste, vi tu nombre prendido a tu camisa con el logotipo del hotel.  Sabes que Laura es un nombre hermoso portado por bellísimas mujeres a través de todo el mundo durante siglos.  Nadie sabe cuantos hombres lo han escogido para acompañar una trova o para verterlo en un suspiro en una cama.   Es fácil de pronunciar en el acto y se acopla en cada espiración si así lo quisieras. 

 

Quieto y callado me quedé hasta que me miraste por tres segundos a los ojos y sentí pizzicatos de tu presencia en mi piel.  No pude resistir la tentación de agarrate por la mano como otro imprudente mas de la barra.  Aunque debes admitir que encantó lo que te recité al oído y que me confesaste nunca haberlo escuchado antes.  Claro que no la habías escuchado antes.  Nadie la había escuchado antes.  La primera vez que ese poema pasa por un papel es en este momento.  

 

Como página del calendario

te perderé al amanecer

borrando huellas del cariño

pasaré por ti como un amigo

o una piedra del rosario

que recitas sin el placer

que conozco de tus labios.

 

Como un adiós al viento

ahogado en un quebranto

he perdido hasta el rastro

del sabor de tu aliento

y pasaré por ti como el silencio

porfiándole hasta el tiempo

para atarme en tu abrazo.

 

Como un niño perdido

que olvida su propio nombre

ante preguntas de conciencia

pasaré por ti como un hombre

que se revela de impaciencia

y demanda de un solo grito

el porqué de este destino.

 

Como ultimo beso en la puerta

que deja un lugar vacío

así es el maldito rencor mío

de vivir esta vida secreta

pasando por ti como un ladrón

que a media noche té despierta

para arrancarte tu calor.

 

Como minuto ardiendo en la noche