
Se han desatado mis demonios
"Entre la estupidez y el amor
existe una pequeña brecha
que unos ojos trovadores
advierten a simple vista..."
Querida
Laura;
Se han desatado mis demonios. Cada vez que me pierdo en una mirada o en un
silencio, cada vez que me levanto y no sé dónde estoy, cada vez que la soledad
me acompaña, los presiento. Ellos me
persiguen desde muy adentro. Me hablan
de ti todas las noches y raras veces me dejan dormir. En la oficina me tientan a repetir los caminos que pensaba había olvidado
una vez andados. Cuando manejo por la
carretera, la radio me los trae en cada canción junto a tu aliento y otras
ardientes confesiones. En mi casa me
mortifican desde muy temprano en la mañana y no se retiran hasta que me les
escondo en las venturas de un sueño.
Ellos me encontraron no hace mucho y desde entonces
revolotean en mis deseos arriesgando todo sin enterarse de mi derecho a ser un
hombre dueño de mi voluntad. Desde
hacía mas de nueve años que no me visitaban y creía haberlos encarcelado dentro
de mis olvidos. Pensé ilusamente que ya
no serian mas, lo que hoy son. Lo que
fueron durante mucho tiempo en mi otra vida de hombre sin control de mis
propios instintos. Ya me habían costado
tanto y tan profundo que me hice de la idea de que nunca se desatarían de nuevo
y menos a costa de una repentina tormenta de sensuales deseos.
Pero no te reprocho nada, sinceramente te lo
agradezco. Con tu gesto le has dado
plenitud a la palabra éxtasis y has liberado la palabra pecado de sus
culpas. Solo tus lagrimas me duelen y
cómplices han quedado el tiempo de la distancia. He aprendido mucho de ti.
Hoy sé donde y cuanto duele un adiós por siempre, a media tarde y sin lagrimas
a la vista. También creo entender mejor
mi temor a cruzar el tembloroso puente entre el envolverse en una pasión y el
entregarse en un amor. Pero te juro
que lo que nunca podré olvidar es que la parte más tierna de ti, no es tu piel,
sino tu fragilidad de mujer.
Y esos traviesos seres de que te hablo, no creas que
tú los liberaste, yo los he desatado sin mas motivos de que me empujen hacia el
abismo de mis debilidades y mis placeres.
De regresar a mi propia confusión vestida de suspiros ajenos, excesos
compartidos y experiencias amanecidas, con el único pretexto de vivir la vida
aquí y ahora. Como es nuestro deber
vivirla. No te niego que hace falta
mucha magia de mujer y un gran abasto de espontánea sensualidad para desarmar
al conformismo, a la rutina y al miedo de un hombre atrapado en una vida
hecha. Aunque eso tú lo has suplido y
de sobra.
Pero esta carta no solo contempla el perturbado
propósito de ventilar contigo mis demonios, sus raíces, sus diabluras y mis
noches de ti en adelante. Te confío
esto, como tu confiaste en mi cuando te dije que tocaras con tu mano mi corazón
aquella noche de gigantes palpitaciones.
Por eso quiero que me leas como si me estuvieses mirando a los ojos y
como si tu mano permaneciera en mi pecho, indagando los sentimientos que se
visten de mis palabras. Así volverás a
sentir que en realidad yo he sido un hombre que simplemente nunca te ha
mentido.
Quiero comenzar explicando quien en mi sustancia
soy, mas allá del travieso elemento que te ha hecho el amor sobre poemas y
palabras. Quiero que me conozcas desde
el principio, desde la parte humana que le he ocultado al mundo durante los
últimos años. Pero empecemos por el
hoy, que a cada segundo se convierte en el ayer. Actualmente mi vida no tiene
nada que envidiarle a las series televisas de hace décadas donde el éxito, el
amor y el dinero están muy seguros y prometen quedarse conmigo hasta el día que
yo quiera. Sé que esto no te dice mucho
a ti que no has vivido un solo día en este mundo del que te hablo.
Soy abogado de impuestos en Emerging Markets
International, una firma de especulaciones y desarrollos industriales que me
permiten el privilegio de conocer mundo y me aseguran una vida bastante
cómoda. Mi esposa, Julia, también es
licenciada de la empresa, pero ella se encarga de la división de litigios
corporativos. Ella es experta en ganar
peleas y arreglar apropiaciones hostiles de grandes intereses multinacionales.
Yo solo escondo el dinero entre las líneas de las leyes para que el gobierno no
lo pueda apropiar. Uso las herramientas
que provee el propio régimen para hacer sus recaudos lo más difícil y oscuro
posible. Mi esposa y yo tenemos lo que
en tu sociedad se le conoce como privilegios burgueses. Pasamos las vacaciones en esquiando en las
nieves de un lugar llamado Colorado, Hacemos compras en Nueva York cada seis meses
y contamos con valores que nos permitirán retirarnos del trabajo en varios
años. No tenemos niños y parece que
nunca tendremos tiempo para ello.
Yo tengo dos hijos de mi primer matrimonio y viven
con su madre en otro lugar de Estados Unidos.
Pocas veces los veo aunque nunca le faltan mis llamadas. No sé cuanto
ellos me han perdonado mis errores. Ese
primer matrimonio y su disolución son frutos de mi anterior vida. La misma que parece recurrir en estos
momentos de demonios que me invade. No
siempre fue así. Muchos fueron los
momentos felices que me acompañaron durante los seis años de ilusiones que viví
con mi ex-esposa Mariana. Todo parecía que duraría para siempre. El dinero no era mucho pero no hacia tanta
falta porque el amor siempre sobraba.
La quise tanto y nunca lo supe.
Pero un día de esos que la vida nos pone en el camino fui a una
actividad social en la cual yo no parecía caber.
Allí conocí a Angie. Esta era una mujer algo mayor que yo y muy interesante que se
debatía entre el éxito de su empresa de modas y una vida al margen de los
compromisos. No sé ni como termine en
su cama esa noche y la siguiente y la próxima.
Allí me serví de placeres y experiencias que mi hogar de terciopelo no
proveían. Junto con las cálidas noches
de deleite junto a ella, se acompasaron providencias nuevas para mí y que sin
saber cambiarían mi vida. Me entregue a
Angie, a sus días en el casino, a la bebida tenaz y muchos otros hábitos de los
que se arraigan muy profundo sin avisar.
En aquellos tiempos me di a una existencia sin controles que me costo
mucho superar. Abandone mi hogar y
traté de integrarme a ese lugar que nunca alcancé, su frío corazón. Un día llegue a escribir de ella.
Todavía
tu perfume se amarra a mi camisa
ahogando
en un oscuro silencio
tu
proscrito código de sentimientos
mientras
por la carretera de regreso
escapo de
tu cama a toda prisa.
Y tan
sencillo que parecían
tus
reparos y tus razones
cuando
desnuda me repetías…
"Que
no se toquen nuestros corazones
en este
viaje de una vía. "
Pero
brasa de mi alma no sigue reglamentos
cuando
tus sudores han mojado el camino
y resbalo
en tus curvas y en tus besos
y si me
detienen no tendré excusas
porque
estoy embriagado de tus cariños
y tu fría proclama no me asusta.
¿Por que
me prohibes amarte?
y el
corazón me tienes restringido
si sabes
que no me llevo de leyes
cuando
manejo por tus caprichos,
cuando
viajo en tus noches ardientes.
Y doblaré
aquí mismo aunque sea ilegal
devolviéndome
hasta tu propia casa
y sin
mirar a ningún lado me pasaré el alto
porque no
hay Dios que pueda aguantar
cuando
loco grité en tu ventana
"Que
no me importa nada, que yo te amo!"
Ese fue mi segundo error. Pronto me quede sin Angie y sin el resto de mi vida. Sin mucha ceremonia fui reemplazado por un
hombre de menos requerimientos sentimentales.
Entonces trate de volver a mi esposa y mis hijos pero nunca volvimos a
funcionar. Ella definitivamente no me
perdonó tanta humillación que le causé y menos con lo cambiado que yo
estaba. Por un lado traté de ser el
esposo que había sido antes y por el otro lado vivía un día a la vez sin pensar
en el mañana.
Abundaron los vicios de todos los tipos, las
amanecidas con mujeres enamoradas de mi dinero y por ultimo el dolor de todos
los que una vez amé. Para darte una
idea de como era yo en aquella época, ganaba dinero como para mantener varias
familias en tu país y lo perdía la misma noche que lo cobraba. El casino, las amigas de los favores caros,
la cocaína y no sé cuantos disparates que se me ocurrieran en el momento.
Sin abundar en mis caídas, llegué al divorcio antes
de que me diera cuenta. Lo que un día
fue una hermosa armonía se convirtió en una batalla campal donde todo fue
separado en dos y repartido. Nunca
llegamos a un acuerdo de consentimiento mutuo a pesar de todos los consejos que
nos llegaron. Ese fue el tiempo más
difícil de mi vida sin duda. Para que
tengas una idea mejor del litigio que viví, estas líneas las conservo en la
parte posterior de mi copia de la sentencia de divorcio.
Y los
niños que un día fueron nuestros hijos tendrán dos casas pero nunca encontraran
un hogar.
Este
viernes estaba tu exuberante abogado en restaurante de moda
Almorzaba
despreocupado con el licenciado de mi parte, que no es barato tampoco.
Discutían
sobre nuestros desacuerdos, sobre los repartos, sobre nuestras inseguridades
También
sacaban cuenta de sus botes en el náutico, del golf y sus hijos en el colegio.
Todo a
costa de nuestras desgracias y sus venturas.
El
tuyo le comento al mío, “mi cliente ha
rechazado el consentimiento mutuo como causal”
El mío
apresuro un trago de vino y dijo; “pues será un divorcio largo”
“A mi no
me molesta”, dijo el uno
“A mi
tampoco” dijo el otro, que sonrió mientras cortaba un sangriento filete.
Después del divorcio solo un vacío quedo que llené
con mas vicios e inseguridades. Perdí
mi trabajo de aquella época y el crédito.
Empeñé la vergüenza y regalé la fe en mi mismo. Por mas de dos años continué desenfrenado y
ajeno a mi propia capacidad humana.
Según se fue terminando mi dinero así fueron desapareciendo los que
aseguraban ser mis amigos. Todo quedo
reducido a los viajes al bar y los trabajos de poca monta que pude
mantener. Pero una noche todo comenzó a
cambiar para mi. Como muchas otras
veces salía yo del bar en condiciones no muy sobrias y tuve un aparatoso
accidente de transito. Antes que me
diera cuenta convalecía en el Hospital con mis dos piernas rotas. Allí pasé cerca de un mes y casi nadie me
vino a visitar. Ni siquiera mis hijos
se enteraron de mi infortunio.
Mi compañero de cuarto era un paciente de algunos
cincuenta años que tenia una condición muy delicada de salud. El ya conocía su destino próximo, sin
embargo lo acompañaba una energía muy positiva. Durante mi convalecencia platiqué mucho con él sobre la vida y
sobre otras cosas menos importantes. Yo
le llegué a contar de mis desventuras y él me habló de su dicha. Yo no entendía como un hombre tan enfermo
pudiese contemplar la existencia como algo tan positivo. Un día que estabamos hablando le pregunté si
él creía que yo pudiese volver a caminar bien después de que saliera del
hospital. Me acuerdo como hoy lo que
me contestó.
"De que te va a valer caminar o correr si tu
vida no tiene un rumbo. Búscale rumbo a
tu vida y llegaras no importa como.
Aprovecha tu oportunidad y ámala para que no la vuelvas a perder."
Poco después de eso, su condición de salud se fue
agravando hasta que llegó lo previsto por todos los pronósticos médicos. Pero algo de él quedó vivo en mi y fue su
simple consejo. Al salir yo del
hospital inicié un camino a recuperar mi propio destino. Me establecí nuevas metas incluyendo
terminar mi incompleta carrera legal.
Encarcelé mis demonios en el silencio y casi me cambié hasta el
nombre. Cuando terminé de licenciarme
me mudé de ciudad a una localidad menos convulsiva en un estado del sur. Pronto recibí ofertas para comenzar de nuevo
mi vida profesional y así lo hice.
Hace siete años que trabajo con esta firma en donde
conocí a Julia. Con ella llevo cinco
años como una ideal pareja de abogados y conyugues. Pero esto no es tan fácil como suena. Si es difícil vivir con un abogado, la convivencia de dos es como
un reto del tamaño de las hazañas de un faquir hindú. Pero ella también entiende nuestra situación y ambos procuramos
no ser licenciados en la casa o en la cama.
Así podemos dormir con los dos ojos cerrados sin el temor de la
intención del otro. Además pero no
menos importante, la amo y ella me ama.
Aunque eso es tan difícil de probar en una corte ya que cuando de códigos
legales se dice el odio y el rencor son de mayor relevancia. Me lo dice la experiencia. No voy a contar mas de mi actual relación
porque no viene al caso.
Para el propósito de esta carta, estos son los
hechos previos a ti. Tú en realidad
llegaste mucho antes de yo conocerte.
Quizás fue el día que uno de mis jefes me indicó que existía la
posibilidad de invertir en empresas mixtas en Cuba. Mi primera reacción fue reírme de él en su propia presencia. El no estuvo muy a gusto con mi burla y me
indicó que yo seria el coordinador de la oscura iniciativa en la Isla. Después de argumentar durante casi medio día
al respecto, me di cuenta que aquello iba muy en serio y que mejor me hubiese
callado para evitar tal tarea.
Poco sucedió antes que se me indicara que un viaje
seria coordinado para visitar la isla muy a pesar de los obstáculos legales que
me correspondía evadir. Condiciones
especiales se me indicaron para garantizar la agenda de la empresa. Primero, nadie fuera del círculo cooperativo
podía saber acerca de mi visita a la isla.
Segundo, no estaba yo autorizado a cerrar compromiso alguno con las
fuentes y contactos del sistema gubernamental o comercial cubano. Por último, mi misión se debía circunscribir
a las gestiones de trabajo y que por ninguna razón podía yo interactuar con
personas ajenas a dicho propósito en Cuba.
Se me indicó también, que debía desconfiar de todos y que me mantuviese
alejado de personas que aparentaran ser especialmente amistosos. Todo parecía un tanto paranoico pero muy
explícito en aquel momento.
Antes de poder evitarlo ya estaba yo en La Habana
hablando con un oficial de segunda acerca de las reglas de inversiones mixtas y
sobre las puertas alternas para el capital americano en la economía
cubana. Se me invitó varias veces a
actividades artísticas y deportivas a las que rehuse cortésmente. Mi primera noche la pasé en el hotel
escuchando la radio y tomando notas sobre las reuniones del día. Nada interesante o que no se pudiese prever
desde mi oficina. El segundo día me
llevaron a una fabrica de vinos a las afuera de la ciudad. Allí por insistencia de los anfitriones
probé de varios vinos que me calentaron la sangre rápidamente. Eran un tanto dulces para mi gusto pero mi
paladar se ajustó sin mucho problema.
Así pasó que al llegar al hotel con media docenas de
tragos de mas y una desenfrenada sed de
seguir la noche, me temblaba el alma.
La radio no me pudo detener en mi cuarto y sin mucha insistencia de mi
conciencia bajé al bar del propio hotel.
Tomé un asiento en la barra y pedí otra copa de aquel dulce
brebaje. Allí fue donde por primera
vez té vi a ti y a tu piel mulata. No
podía entender como tanto sabor pudiese caber en una cintura tan ceñida. Mis ojos se tatuaron en tus movimientos cada
vez que preparabas o servias un trago.
Tu escasa sonrisa era el deleite de los comensales del otro extremo de
la barra y me fije que no quedaban sillas en tu perímetro de servicio. Me quede mirando en una ocasión como uno de
los huéspedes te hizo un comentario imprudente y tu le contestaste con una
mirada de no me jodas. Quizás fue por
eso que lo hice.
Yo no te lo he dicho pero le di un billete de diez
dólares a tu colega "bar tender" para que te asignara a ni extremo de
la barra. Me acuerdo que tu objetaste
un poco pero accediste. No quería
causarte problemas, pero a su vez te alivié del insistente turista que te
quería tocar tus manos cada vez que te le acercabas. Al acercarte a mi extremo del bar me percaté por primera vez que
tus hermosos ojos chispeaban cuando sonríes.
Esa es una las cosas que delatan tu sinceridad cada vez que te
alegras. Sin embargo, lo que más me
sorprendió de ti fue que cuando te me acercaste y yo te recité aquella estrofa
del oscuro poema de no me acuerdo quien;
Arte
milenario de las flores
que has
perfeccionado sin pensarlo
cuando me
aprietas desde lejos
en tu
silueta de mujer caminando.
No pudiste resistir la tentación de humillarme. Me la recitaste completa y con tu fluido
acento habanero los versos se escuchaban como nunca antes lo había
disfrutado.
Arte
milenario de las flores
que has
perfeccionado sin pensarlo
cuando me
aprietas desde lejos
en tu
silueta de mujer caminando.
Y a mas
te acercas, mas me seduces
entre lo
sensual de tus huellas
y el
rastro fragante de tu perfume
que con
una sonrisa me entregas.
No hacen
falta mediar saludos
ya las
miradas se han encargado
de
decirlo todo y un poco mas
y mi
pecho dice que es demasiado.
Nunca la
timidez ha sido tu virtud
cuando me
amarras en un abrazo
sembrando
del día un primer beso
que para
muchos daría abasto.
Y te
entregas pegada a mi pecho
para
sentir que no somos fantasmas
sino
simplemente ardientes amantes
a medio
camino calentando el alba.
Hola!
Después de tu exposición solo me quedaba decir;
"Hola", pero no podía cerrar mi boca del bendito asombro. Entonces te diste vuelta hasta otro cliente
que te pedía una cerveza y yo quede casi loco de la pasmada que por poco te
pido que me sirvieras otra poesía. Ahí
fue donde te pedí otro vino sin terminar mi copa aun, como pretexto para
preguntar de donde habías aprendido esa lejana poesía. De primera intención no te creí que fueses
maestra de literatura. Pero cuando me
explicaste de los salarios del magisterio de la isla entonces entendí tu
condición de educadora sirviendo tragos en un hotel.
Me encantó tanto que conocieras a Borges y a Neruda
que despertaste mi curiosidad por tu persona y tus demás secretos de
mujer. No me acuerdo si fue antes o
después que me preguntaras mi nombre que te confesé sobre mi afición por
escribir tonterías y versos. Cuando me
regresé a mi cuarto embriagado por el vino y por la imagen apetente de tu
cuerpo, percibí que no te había preguntado tu nombre. Pero no creas que me olvide de las ingeniosas respuestas
salpicadas de sonrisas que devolviste a cada una de mis indiscretas
preguntas. No me importaba que el techo
de mi habitación siguiera dando vueltas, solo pensaba en ti y en tu mundo que
yo aun no conocía. También te imagine
desnuda, pero ahora sé que mi imaginación se quedo corta por mucho.
Al otro día desperté con un tremendo zumbido en mi
cabeza, pero con la ilusión de una mañana de Navidad. Después de un robusto desayuno fui a visitar a unos empresarios
españoles que me habían citado. Allí
atendí mis asuntos durante toda la mañana y parte de la tarde. Ellos me llevaron a comer a un restaurante
cerca de mi hotel y continuamos en nuestros asuntos hasta que el destino me
jugó otra de sus suertes. Desde mi mesa
te vi pasar muy rápido por la acera de al frente hasta que te detuviste junto a
una docena de personas en la parada de la guagua.
Desde mi silla en el restaurante yo te miraba a
plena luz del día y me convencí de mi primera impresión acerca de tu
cintura. Es bella, delicada y
peligrosa. Te seguí observando mientras
tu te encargabas de tu espera. Ya yo no
atendía a los amigos españoles y ellos se estaban dando cuenta de que parte de
mí estaba al otro lado de la calle. De
pronto llegó aquel monstruoso armatoste que provee la transportación urbana en
tu ciudad y te vi subir a aquello junto a media docena de cubanos de todo
tipo.
Creo que fue entonces fue que empecé a ceder al
primero de mis demonios. Casi sin
despedirme de mis anfitriones me levanté de la silla y salí apresurado del
establecimiento. Ya el transporte
había comenzado su marcha cuando me le atravesé al frente, cosa que no le cayó
simpático al chofer. Monté al
transporte como cualquier hijo de vecino y traté de localizarte entre tanta
gente apretada. Caminé unos pasos mas y
te vi allí de pie con tu mirada perdida en la ventana que daba a la calle. Estuve parado a tu lado sin que te
percataras por lo menos una milla a ver si te bajabas en alguna área
cercana. Pero no pude resistir la
tentación de devolverte la sorpresa de la noche anterior y recurrí al mismo
verso que nos había presentado la noche anterior.
Arte
milenario de las flores
que has
perfeccionado sin pensarlo
cuando me
aprietas desde lejos
en tu
silueta de mujer caminando.
Yo pagaría para que vieses la cara que pusiste
cuando me miraste y me preguntaste que hacia yo allí. Pero más oportuna fue tu sonrisa al yo indicarte que andaba
buscando a quien custodiaba el resto de aquella poesía. Gracias a Dios que nos bajamos de la guagua
después de que yo te invitara tres ocasiones a un café. Creo que ya los otros pasajeros estaban muy
curiosos de mi insistencia y tu tímida negativa. Gracias a Dios también porque no creo que yo haya disfrutado
tanto un café en mi vida. Especialmente
cuando pasamos aquellos cruciales minutos de miradas sugestivas y juegos de
palabras que quieren dejar saberlo todo sin decir nada en concreto.
Fíjate que el atardecer estuvo también cómplice de
nosotros que cuando me acompañaste caminando hasta el hotel comenzó aquella
lluvia repentina. Lluvia cómplice
también por no permitir tu partida. Y
hablando de cómplices, tu pudiste subir a mi habitación gracias a que le di una
propina de veinte dólares al tipo grande que vela la entrada del edificio. Yo sabía de la rigidez de las reglas para
los locales pero nunca pensé que se resolviera tan fácilmente y sin que tu te
dieras cuenta.
Sabes estabas muy tímida al principio. Casi ni me
hablabas y evadías mi mirada. Fue por
eso que tome tu mano y la puse sobre mi pecho.
Sé que el latir mi corazón casi agitaba mi camisa mientras explorabas mi
pecho. Al menos te diste cuenta de que
tu no eras la única persona temblando de pasión aquella noche.
Me gusta como besas, no eres tímida para eso. Tampoco eres tímida para los caminos que tus
manos optan. Quien diría que tu
delicado cuerpo de bronce estuviese tonificado de tal forma que pareciera ser
creado para las caricias. Yo tampoco
imaginé que me hicieras sentir tan acertado en tu cuerpo en la oscuridad y el
silencio de tus besos haciéndome olvidar inclusive de que y quien soy. O quizás era.
Aquella fue la primera y más corta de nuestras
despedidas que en total no recuerdo cuantas fueron. Antes que yo me diese cuenta ya te habías puesto la ropa y me
decía adiós sí mas ni mas. Si no es que
té sujeto por el brazo antes que salieras por la puerta, nunca hubiese sabido
de tus inquietudes de aquella noche de tantos deseos y tan pocas palabras. Sabes que no te mentí cuando me preguntaste
si yo era casado. Tampoco te disfracé
la realidad de que yo solo era un turista empresario que pasaba por tu vida
como una tormenta de pasión que no vuelve a acontecer por tu vida una vez
marchado.
Nunca entendí lo ultimo que me dijiste al salir por
la puerta, pero no fue necesario, tu mirada me lo dijo todo. No se si entenderás esto, pero tu huida
volvió a liberar otro de mis pequeños demonios. Para mi, aquello no podía quedarse así. Estaba mas inquieto y deseoso que nunca de continuar aquella Aventura
con A mayúscula que se quería
desvanecer antes de que cimentara.
Además, yo sabía ya que me habías dicho un nombre falso. Si algo no sabes hacer bien es mentir. Acuérdate soy abogado y de mentiras yo
vivo. Quizás es por eso que valoro
tanto el poder y la gracia de la verdad.
Tan pronto te marchaste, sentí mi mente viajar a
lugares donde las posibilidades eran infinitas y las ansias se hacían cargo de
los caminos. No se si me entiendes,
pero mis manos todavía palpaban tus caderas y seguía yo mordiéndote los labios
al compás de la soledad que dejaste al cerrar la puerta. Inclusive te hablé en silencio de tonterías
que no quise expresarte cuando nos estabamos encargando del placer. Hasta me reía yo de todas las inútiles
advertencias que se me hicieron en la compañía sobre la interacción con los
cubanos de la isla.
Mas tarde esa noche y sobrio de licor pero
embriagado de deseo te esperé en la barra para volver a verte ejerciendo tus
tareas de hotel. Estabas esquiva pero
indefensa y atada a tus responsabilidades.
Traté de no abordarte con palabras.
Después de todo tu todavía seguías atendiendo a tus comensales que
llegaron primero que yo. Mientras te
miraba floté en mi pensamiento y escribí en la
servilleta del trago que me serviste algo que nunca te enseñé. Espero te guste.
Alaba'o
Amor, sirve otro trago
mezcla lento
con tus dedos
una onza
de tu inocente maldad
y llena
el resto del mismo vaso
con la
estupidez que me embriaga
cuando me
cantas labio a labio
las
tibias canciones de tu aliento
que me
mienten y me matan.
Alaba'o
Cariño, seca mi sudor
que se
mezclado con el tuyo
bañándome
en lo prohibido
de un
deseo que no se atreve
a cerrar
los ojos un segundo
por no
perder siquiera un beso
derramado,
olvidado o perdido
en una
noche cada vez más breve.
Alaba'o
Ternura, dime adiós
acompáñame
de manos a la puerta
empaca un
abrazo para llevar
junto a
tu mirada y a tu risa
que como
piezas de recuerdo
atados a
estos necios momentos
que sin
preguntas ni despechos
saben que
a ti no habrá regreso.
Terminando la ultima línea me la llevé al bolsillo
de mi camisa y te pedí otra servilleta por si me visitaban otras musas. Tratabas de ignorarme pero sabes que mi
insistencia mana de mis anhelos y no de la prudencia o del que dirán. Cuando por fin te acercaste, vi tu nombre prendido a tu camisa con el logotipo del
hotel. Sabes que Laura es un nombre
hermoso portado por bellísimas mujeres a través de todo el mundo durante
siglos. Nadie sabe cuantos hombres lo
han escogido para acompañar una trova o para verterlo en un suspiro en una cama. Es fácil de pronunciar en el acto y se
acopla en cada espiración si así lo quisieras.
Quieto y callado me quedé hasta que me miraste por
tres segundos a los ojos y sentí pizzicatos de tu presencia en mi piel. No pude resistir la tentación de agarrate
por la mano como otro imprudente mas de la barra. Aunque debes admitir que encantó lo que te recité al oído y que
me confesaste nunca haberlo escuchado antes.
Claro que no la habías escuchado antes.
Nadie la había escuchado antes.
La primera vez que ese poema pasa por un papel es en este momento.
Como
página del calendario
te
perderé al amanecer
borrando
huellas del cariño
pasaré
por ti como un amigo
o una
piedra del rosario
que
recitas sin el placer
que
conozco de tus labios.
Como un
adiós al viento
ahogado
en un quebranto
he perdido
hasta el rastro
del sabor
de tu aliento
y pasaré
por ti como el silencio
porfiándole
hasta el tiempo
para
atarme en tu abrazo.
Como un
niño perdido
que
olvida su propio nombre
ante
preguntas de conciencia
pasaré
por ti como un hombre
que se
revela de impaciencia
y demanda
de un solo grito
el porqué
de este destino.
Como
ultimo beso en la puerta
que deja
un lugar vacío
así es el
maldito rencor mío
de vivir
esta vida secreta
pasando
por ti como un ladrón
que a
media noche té despierta
para
arrancarte tu calor.
Como
minuto ardiendo en la noche