
Mi reclamo
"Mi único pecado ha sido
nacer donde nací
y mi pena es la de cargar
con el estigma de lo que no
soy."
Nací en algún rincón de
esta isla hace algunos años y quién sabe por qué. Crecí en este lar de contradicciones preguntando lo que nadie
pudo o que nadie ha querido contestarme.
Toda mi vida la he disfrutado, la he sufrido y la he trabajado aquí,
solamente aquí. No hay otro hogar, no existe
otra forma de ser y no quiero otro sentir en mí que no sea ese algo aún sin
respuesta. Hoy, consciente y entendido
con mi vida, sólo queda ese detalle.
¿Por qué he de vivir siendo algo que nunca he
sido y que nunca he querido ser? ¨¿Por
qué? La esencia de ese ser nuestro y de
aquel no ser aceptado sin cuestionar, sin duda confligen. Confligen y confunden
a este pueblo desde hace mucho tiempo. Vórtice de incertidumbres que habitaron
en mí, hasta el día en que nuevamente se retó nuestra conciencia de pueblo.
Porfía mordaz que nos tienta a reclamar lo
nuestro, liberados de esos viejos sembradíos de miedos opacadores de voluntad y
lucha. En aquella mañana del discernir se desafió al caballero ponceño con esos
mismos miedos. Se le increpó
cínicamente su vocación de patriota que yo nunca pondría en duda. Se le retó a cambiar su ciudadanía jurídica
por la afirmación de su lengua materna. "¿Apostarías tu Ciudadanía
Americana a lo que dices que eres?" "Contéstame... ¿Te atreves?"
Temblaron muchas rodillas cuando pintaron
aquel mar de vicisitudes ingratas. La
nada eterna o el engendro del destierro si nos declaramos y nos
reafirmamos. Todas esas visiones
trágicas con tal de que nos auto negáramos otra vez. La duda imperó hasta que sucedió lo que tenía que suceder. Un intrépido patriota del oeste gritó
transparente y de corazón; “¡Dile que
sí!, Moralmente no puedes perder.”
Suena loco, pero es así. Quien ante los demás, se declara libre y
vertical, siempre gana. Siempre gana,
porque aún en la más huérfana de sus luchas, armoniza sus acciones con lo
sublime y eterno de la esencia humana.
Vence al miedo, vence al qué dirán y vence la burla extraña. Derrota a la mentira y la represión. Aún después de su retirada terrenal sigue
luchando y vence. Suena loco, pero es
así.
Hoy mi espíritu se declara vertical, y lo
grita; “¡COÑO, SOY PUERTORRIQUEÑO!".
No norteamericano, no otra cosa, sino sencillamente soy, me siento y
seré puertorriqueño. Hoy mi espíritu,
mis palabras, mis acciones y mi destino se miran por dentro y no se niegan entre
sí. ¡Coño...Soy puertorriqueño!
Mi reclamo ante este cielo que nos alberga y
sobre este suelo bendito que moramos no tiene otra razón que la de romper con
la paradoja de nuestra doble fidelidad.
Fiel ser‚ a una sola estrella y esa es la de mi Patria, Borinquen. Me levanto, lo digo y lo repito con el sabor
de mi lengua vernácula. Desde hoy no
soy ni seré más ciudadano de los Estados Unidos de América. Tampoco he de ser‚ un híbrido abstracto de
lo que no comulgo. Desde este momento
sólo seré lo que siempre he sido en lo más íntimo y puro de mis sueños:
Puertorriqueño, Boricua y Ciudadano de Puerto Rico. Puertorriqueño de nacimiento y crianza; Boricua de sentir y pensar y Ciudadano de Puerto Rico reclamando
lo que la crónica de las leyes y la sumisión nos niega.
Para mí, esta
es hora de la patria. Es mi momento de
hacer revolución reclamando a viva voz lo que soy. Revolución dispuesta pero con sentido. Armonizando mi Ciudadanía Puertorriqueña única con las exigencias
de mi camino. Sin dejar de ser padre
proveedor, amante justo y profesional de la vida. Sin cejar en mi esfuerzo por permanecer como hombre coherente y
de existencia plena. No es necesario
inmolarse como combustible al fuego. No
hay porqué cargar penas y miedos si estoy consciente de lo que envuelve este
reclamo. Lucharé contra los inmovilizantes miedos y las mentiras inculcadas y
así mi gestión será lo procedente en este mundo de lo incoherente.
Procedo entonces a
preguntarme; ¿Por qué no puedo ser
Ciudadano de Puerto Rico si soy Nacional Boricua? ¿Por qué? En realidad no
hay porqué y moralmente no puede haberlo.
Por tanto, hoy, 23 de septiembre de 1993 y ante la efímera humanidad que
nos cobija, reclamo lo que la anti-historia colonial siempre me ha
escondido. Reclamo sin sustitutos,
aquello que vive dentro de nosotros, los que amamos la patria libre y soberana.
Yo, reclamo
mi Ciudadanía Puertorriqueña como única y propia. Juro luchar por ésta hasta el día de mi muerte, sin esperar que
todos mis congéneres me entiendan pero implorando a Dios el valor indispensable
para vivir y morir por ella. Así lo
juro, Amén.
¡Que viva Puerto Rico Libre!