Boricua en la luna

 

Juan A. Corretjer

 

 

Desde las ondas del mar

que son besos a su orilla,

una mujer de Aguadilla

vino a New York a cantar.

Pero no solo a llorar

un largo llanto y morir.

De ese llanto yo nací

como en la lluvia una fiera.

Y vivo en  la larga espera

de cobrar lo que perdí.

 

Por un cielo que se hacía

más feo, mas más volaba

a Nueva York se acercaba

un peón de Las Marías.

Con la esperanza, decía

del largo día volver.

Pero antes me hizo nacer

y de tanto trabajar

se quedó sin regresar:

reventó en un taller.

 

De una lágrima soy hijo

y soy hijo del sudor

y fue mi abuelo el amor

único en mí regocijo

del recuerdo siempre fijo

en aquel cristal del llanto

como quimera en el canto

de un Puerto Rico de ensueño

y yo soy puertorriqueño

sin ná, pero sin quebranto.

 

Y el echón que me desmienta

que se ande muy derecho

no sea en lo más estrecho

de un zaguán pague la afrenta.

Pues según alguien me cuenta:

dicen que la luna es una

sea de mar o sea montuna.

Y así le grito al villano:

yo sería borincano

aunque naciera en la luna.