Valle de Collores

Luís Llorens Torres

 

Cuando salí de Collores

fue una jaquita valla

por un sendero entre mallas

arropao de cundeamores.

Adiós malezas y flores

de la barranca del río

y mis noches de bohío

y aquella apacible calma

y los viejos de mi alma

y los hermanitos míos.

 

Que pena la que sentía

cuando hacia atrás yo miraba

y una casa se alejaba

y esa casa era la mía.

La última vez que volvía

los ojos vi el blanco vuelo

de aquel maternal pañuelo

empapado con el zumo

del dolor mas allá el humo

espumándose en el cielo.

 

La campestre floración

era triste, opaca y mustia,

y todo como una angustia

se apretaba al corazón. 

La jaca a su discreción

iba a paso perezoso.

Zumbaba el viento oloroso

a madre selva y a pino

y las ceibas del camino

parecían sauces llorosos.

 

No recuerdo como fue.

Aquí la memoria pierdo

mas en oro de recuerdo

recuerdo que al fin llegué.

La urbe, el teatro, el café,

la plaza, el parque y la acera,

y en una novia hechicera

hallé el ramaje encendido

donde colgué el primer nido

de mi primera quimera.

 

Mas luego en pos de ideales;

entonces me hirió la envidia

la codicia y la isidia

y el odio de los mortales.

Urdiendo sueños triunfales

vi otra vez el blanco vuelo

de aquel maternal pañuelo

empapado con el zumo

del dolor, lo demás humo

espumándose en el cielo.

 

La gloria es sueño vano

y el placer tan solo viento,

la riqueza es tormento

y el poder es to’ gusanos.

¡Ay! Si estuviera en mis manos

borrar mis triunfos mayores

a mi bohío de Collores

volver en mi jaca valla

por un sendero entre vallas

arropao de cundeamores.